El penúltimo raulista vivo

¡Hispanos!

Pronuncias "Dinamarca" en el balonmano mundial y la gente se echa literalmente a temblar y se mete debajo de la cama. Y con razón. Croacia, la única selección que fue capaz de imponerse a España, se deshizo con autoridad (30-23) de Francia, vigente campeona mundial hasta hace unos pocos minutos, y Dinamarca bailó literalmente a los croatas (30-24) en las semifinales. Hasta llegar a la gran final del Sant Jordi, que pasará sin duda a los anales de la historia de este deporte, Dinamarca había marcado 272 goles (27 más que España) y superaba a los nuestros en las estadísticas de contraataques, tiros desde los 7 y los 9 metros y lanzamientos laterales; España se imponía a Dinamarca en tiros desde los 6 metros y posicional. La solidez del 6:0 danés, que rara vez suelen alterar, se deshizo ante España como un azucarillo en un vaso de agua.

Pero por Barcelona pasó el huracán Katrina. De los daneses, como de todos los nórdicos, se dice que suelen ser fríos en los momentos más decisivos. Pero eso sirve de ayuda cuando tu rival afronta el partido con cierta normalidad y no como lo disputó España desde el primer minuto de juego. Lección defensiva y exhibición atacante forjada en la creencia de que sólo podía derrotarse al mejor equipo del mundo haciendo añicos el guión que todos teníamos en la cabeza. Y así fue. No se había alcanzado el primer cuarto de partido y España ya había retirado el respirador a los Nielsen, Mollgaard, Lindberg, Svan y compañía. Al descanso se llegó con un marcador alucinante y al final del partido se llegó con un resultado para enmarcar. Dinamarca no estuvo porque España la sacó de la pista a empellones y entre emocionantes gritos de "¡Que viva España!"...

Con Valero Rivera se ha cruzado la frontera entre la crítica periodística y la ofensa personal. Todo arranca del partido de cuartos de final contra Francia en los Juegos de Londres: con 22-22 en el marcador y con el partido agonizando, España desaprovechó su último ataque y, con unas dosis infinitas de suerte, Accambray marcó el tanto definitivo tras paradón de Sterbik a lanzamiento de Karabatic. De nuestro balonmano siempre se espera lo mejor y aquella eliminación (ojo, ante la campeona mundial y olímpica) sembró el pánico debido en parte a un entorno tan frágil como el que rodea a nuestra selección de baloncesto, otra ganadora. De Rivera, a quien felicito y por quien me alegro especialmente, se dijo entonces absolutamente de todo, metiendo incluso aspectos familiares por medio. Pero en 5 meses y 19 días se ha pasado de un inexistente cero a un infinito total, el del huracán Katrina que pasó hace un rato por el Palau Sant Jordi. Felicidades.

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