El penúltimo raulista vivo

Hay entrenador

¿Qué le ha dado Mourinho a Marcelo? ¿Le ha hechizado? ¿Le ha hecho vudú? ¿Le pone por las noches ginseng rojo coreano? ¿Le da Ciripolen?... Desconozco si Mourinho conseguirá rehabilitar a Benzema, en ello está, y si logrará de nuevo hacer de Kaká un futbolista de relevancia mundial, pero el milagro que ha obrado el entrenador portugués con Marcelo es digno de entrar en el Libro de los Records. Marcelo llegó dormido a Madrid y con Pellegrini en el banquillo pasó a ser objeto de mofa y befa; se transmitía la sensación, puede que injustamente, de que el entrenador rival preparaba los partidos contra el Madrid dando por hecho que el flanco débil era el del lateral brasileño, y por ahí golpeaban una y otra vez, y otra, y otra más. El caso es que Mourinho ha demostrado en poco más de tres meses que no era un problema de jugador sino de entrenador.

Ahora Marcelo es un tigre de bengala, un león africano, un pit bull... Seguro que podría exigírsele un poquito más en defensa, pero la actitud de este chaval, que estaba en el furgón de los deshechos, ha cambiado radicalmente: hay jugador porque hay entrenador. Porque únicamente la mala suerte y el arbitraje repelente del reincidente Webb (a lo mejor dentro de un mes aparece una entrevista suya reconociendo que debió expulsar a Inzaghi, Abate y Gattuso) impidieron la primera victoria oficial madridista en San Siro. Desde el primer instante, y fundamentalmente en la primera parte, se vio claramente que lo que buscaba el Madrid no era los tres puntos, que también, sino reivindicarse en Europa, advertir que estaba de vuelta: a mi entender lo logró.

El gol del empate del Madrid, cuando agonizaba el partido, lo tuvo todo porque el Real demostró ambición hasta el final, porque el paso lo dio (otra vez) Benzema y porque el gol lo marcó León, el primer tanto español. Visto lo visto, si yo fuera futbolista del Real Madrid, o sea si yo fuera Lass Diarra, me pondría totalmente en manos de Mourinho: no es un entrenador, es un sanador. Además, resulta que el Real Madrid ya está clasificado para octavos de final y que todavía no ha habido ningún equipo capaz de derrotarle. Bueno, no está mal. Pero lo importante, lo verdaderamente trascendente, es que el Madrid plantó un equipo como Dios manda en San Siro por primera vez desde hace mucho tiempo. ¿Que no ganó?... No, no ganó; no ganó por verdadera mala suerte y porque no quiso el árbitro.

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