El penúltimo raulista vivo

Hasta que el ofertón les separe

Otra vez a vueltas con la grandeza del Atlético de Madrid, van a desgastarla de tanto hablar de ella. Ahora va Abel y dice que el hecho de que Agüero quiera seguir en el club significa que es grande. Pues no: lo único que significa es que Agüero miente... como tantos y tantos futbolistas. Por supuesto que el Atlético de Madrid es un club históricamente grande pero que lleva desde 1996 sin ganar la Liga y hacía ya diez años, justo hasta que lo clasificó el recientemente destituido Javier Aguirre, que no participaba en la Champions League, de forma que corre el serio peligro de convertirse en una pieza de museo. Aunque hayan pasado ya treinta y cinco años desde aquello, los aficionados siguen estando tan enamorados de su equipo como cuando ganó la Copa Intercontinental del 74 y continuán apoyándole en las alegrías y en las penas, en la salud y la enfermedad, pero resulta bastante más complicado que ese amor ciego lo comprenda un argentino de veinte años que lo único que quiere es dar el salto, triunfar en el fútbol y ganar títulos, cuantos más mejor.

Entiendo a Abel. Le preguntan y él responde lo que tiene que responder como entrenador del Atlético de Madrid. Pero él sabe tan bien como yo que Agüero, que también responde lo que tiene que responder, no es sincero, y que emigrará (eso sí, con todo el dolor de su corazón) en cuanto le llegue una oferta importante de la Premier League o del Real Madrid o del Fútbol Club Barcelona. Se irá utilizando el mismo pretexto que utilizan todos, ("salgo ganando yo y también sale ganando el Atlético que con mi traspaso ingresa un dinero importante que puede invertir en nuevos jugadores") pero se irá. Si se marchó el símbolo atlético por antonomasia, ¿por qué no habría de hacerlo un chaval que lleva aquí dos días? ¿Cómo convencerle a él si no pudieron convencer a Torres? ¿Haría el esfuerzo un hincha de Independiente cuando no lo hizo uno del mismísimo Atlético?... Sinceramente no creo que al Kun vaya a seducirle una visita guiada por la sala de trofeos.

Los atléticos harían bien en convencerse cuanto antes de que Agüero es un ave de paso. Mientras tanto, el jugador dice lo que tiene que decir un jugador del Atlético de Madrid, el entrenador dice lo que tiene que decir un entrenador del Atlético de Madrid y el presidente dice lo que tiene que decir un presidente del Atlético de Madrid. Aunque Enrique Cerezo añade siempre la siguiente coletilla: "un futbolista juega allí donde quiere jugar". ¡Qué gran verdad!... Un aficionado lo tiene más difícil, el suyo es un matrimonio hasta que la muerte los separe. Es más fácil que un aficionado cambie de pareja, de trabajo o de ideología política que de equipo de fútbol. De un jugador no puede esperarse semejante sacrificio. Debe crecer. Ha de sentirse realizado. Tiene que volar y soltar lastre. Lo de Sergio Agüero con el Atlético de Madrid tiene fecha de caducidad. Un año. Dos como mucho. Hasta que el ofertón les separe.
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