El penúltimo raulista vivo

Hasta la Eurocopa preguntando por quién doblan las campanas

Del Bosque bloqueó la necesaria e imprescindible renovación en la selección. Lo hizo plenamente consciente (soy de los que creen que, más allá de ser un buen tipo, Vicente sigue sabiendo de fútbol) de que los cambios eran necesarios para sostener el nivel competitivo de España, convertida por mor del éxito cosechado cuatro años antes en el principal y más apetitoso rival de todos los participantes en el Mundial, empezando por la propia anfitriona. Del Bosque elaboró una lista cobarde y bienqueda en parte como homenaje a la generación que le había conseguido el marquesado, sí, pero también por pura y dura comodidad. Acaso pensara el seleccionador que llevando a los mismos tendría todas las de ganar puesto que si, como al final ha sucedido, la participación española devenía en catástrofe el común de los mortales echaría la culpa a los jugadores salvando al prestigioso entrenador.

Sin embargo la situación se ha salido tanto de madre que el naufragio no ha respetado a nadie, tampoco a Del Bosque, colocado por la afición en el epicentro mismo de un terremoto deportivo generado por su dontancredismo. Estoy seguro de que Vicente vio desde lejos el iceberg y, aún así, entre ponerse una vez colorado con jugadores que lo habían sido todo pero que llegaban a Brasil con el físico muy limitado o cien amarillo, escogió esto último. Como el capitán Edward John Smith mantuvo la misma velocidad e idénticas coordenadas con el consiguiente hudimiento del Titanic español. Por eso resultó tan profundamente descorazonador el mensaje de Jorge Pérez cuando, con las mujeres y los niños saltando de la embarcación, advirtió sin un ligero asomo de duda en sus palabras que el seleccionador continuaría si él quería.

Y, tal y como nos temíamos quienes queremos lo mejor para nuestro equipo nacional, parece que Vicente del Bosque González está dispuesto a seguir pese al estropicio causado. La paradoja está sin lugar a dudas al nivel de una federación tan caótica e inmovilista como la que, desde que Mijaíl Gorbachov fuera elegido por unanimidad Presidente del Presidium del Sóviet Supremo, preside Angel María Villar, y consiste en pensar que quien impidió la renovación pueda ahora empezar a conducirla de repente. De ser así, que ya digo que tiene toda la pinta, de Del Bosque se dirá dentro de un tiempo que supo llegar al cargo con elegancia y reconociendo la labor de su antecesor implicándole con acierto en las victorias cosechadas tanto en 2010 como en 2012 pero que, llegado el momento, no supo irse. Una pena porque su proyecto nacerá muerto. Y Del Bosque se tirará dos años preguntando por quién doblan las campanas.

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