El penúltimo raulista vivo

Haría bien Thiago en preguntarle a Hierro por los años de plomo de Clemente

El último (por ahora) en afear sus críticas a la prensa deportiva española ha sido Thiago Alcántara. Antes que él lo hicieron, creo recordar, Sergio Ramos, Dani Carvajal y hasta Isco, aunque éste con mucha razón; Isco salió el otro día al paso de un cuento de terror del prisaico Diego Torres en El País; el hermano pequeño de los Grimm relataba la división existente en el vestuario español entre quienes apoyaban al malagueño y aquellos que estaban del lado de Iniesta, que, como todo el mundo sabe, está de retirada millonaria a China; Isco le dijo a Grimm III que era muy malo y, por eso de que pertenecen al mismo grupo, Manu Carreño se sorprendió mucho por la noche en la Cadena Ser de que el futbolista del Real Madrid pusiera en su sitio al cuentista argentino.

Pero volviendo al asunto inicial, al de la percepción que tienen en el vestuario de la selección de que el periodismo les ataca sin justificación, sólo se me ocurre pensar que esa idea responde a un pecado de juventud, que pasará (a la juventud me refiero) con los años. Hoy, ahora mismo, en estos momentos, no hay más que darse un garbeo por las televisiones argentinas o echarle un vistazo a algún periódico alemán o brasileño para llegar a la conclusión de que nosotros somos muy blanditos, casi, casi hermanitas de la caridad, unos benditos en cualquier caso. Tanto Thiago como sus compañeros deberían pedirle al seleccionador Hierro que les contara por ejemplo los años de plomo de Javi Clemente, con enganchones físicos incluidos. Pero hemos envejecido muy mal.

Echando la vista aún más atrás, a Kubala le dijeron de todo, el Mundial de Santamaría no se lo deseo ni a mi peor enemigo, Luis Suárez salió huyendo tras el de Italia y de Miguel Muñoz tampoco se dijeron cosas demasiado agradables, y eso que el madrileño puso la primera piedra de la recuperación moral de la selección al alcanzar (y perder) ni más ni menos que una final de la Eurocopa ante la anfitriona Francia, la del fallo garrafal de Arconada en el disparo de Platini. El problema de nuestra selección actual es que juega muy mal al fútbol, que el listón está colocado a una altura quizás excesiva y que las perspectivas eran demasiado halagüeñas, tanto como para que existiera la creencia generalizada de que Rusia-2018 iba a ser coser y cantar. Pero al Mundial no se viene a coser y de las cantadas llevamos hablando desde el partido inaugural ante Portugal. Supongo que en cuanto España juegue bien, que puede ser desde mañana mismo ante Rusia, se dirá, pero, comparadas con las pasadas, estas críticas son poemas de amor.

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