El penúltimo raulista vivo

¡Hala James!

Así acabó su alocución de ayer el embajador de Colombia en España, el señor Fernando Carrillo, en el discurso durante la presentación del nuevo y flamante fichaje del Real Madrid: "¡Hala James!". Antes, Carrillo destacó otro mensaje, el del mismísimo presidente colombiano Juan Manuel Santos, haciendo referencia a que su ilustre compatriota empezaba a reescribir desde la Casa Blanca el fútbol de su país. Y, al final de todo, se produjo un hecho inédito: el vicepresidente del Mónaco, el representante del club al que acababan de quitarle su perla, posando feliz en la foto de familia, como un niño pequeño, sonriente. En Real Madrid TV dije, medio en broma y medio en serio, que, en el fondo, el directivo del equipo francés era primero madridista y después del Mónaco. Y sinceramente no creo que esté demasiado alejado de la realidad, habría que preguntárselo a él.

Al estadio Santiago Bernabéu acudieron 45.000 aficionados para recibir a James Rodríguez. Hay muchos equipos que no consiguen meter en su campo para el partido cumbre de sus campeonatos a tanta gente como ayer logró meter el Real Madrid en el suyo para una presentación; y no me refiero por supuesto a la Liga española, que esa naturalmente que no llega nunca a esas cifras, sino a la Premier o a la Bundesliga. Con el tiempo he desarrollado un fino olfato para saber qué fichajes hacen pupa al antimadridismo y cuales no: el de James ha hecho mucho daño, muchísimo: de jueves a lunes, Florentino Pérez ha cerrado en un tiempo record las incorporaciones de dos de los tres (y el tercero no es, naturalmente, Leo Messi) mejores futbolistas del pasado Mundial, lo que me hace pensar que de aquí a finales de agosto aún habrá otra bomba de última hora.

La bendita maldición del Real Madrid consiste en que empequeñecer nunca es una opción. Que el vigente campeón de Europa, que acaba de conquistar como quien dice su décimo entorchado, amplíe su fondo de armario con el mejor jugador del Mundial y el Bota de Oro de Brasil 2014, ha debido dejar alelados a sus rivales, y de modo y manera muy especial (y no hay más que ver la reacción del periobarcelonismo) del Barça, cuyo ex presidente no lee la letra pequeña de los contratos que firma y que sigue obligado a esconder a Luis Suárez en la casa de sus suegros. La mala imagen del club catalán de la que hablé aquí mismo ayer contrasta con la limpia sonrisa de James Rodríguez, aquel niño que soñaba con vestir algún día la camiseta del Madrid. Dicho y hecho. Sueño cumplido. Colombia es también territorio conquistado. Y, como diría su embajador, "¡Hala James!"...

PD: Una cosa sí me molestó del fichaje de James, y así tengo que decirlo: que no se consultara la operación con el Tata Martino. Pase lo de Kroos, que bien pudo haber sido un error burocrático, pero lo de James ya suena a provocación.

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