El penúltimo raulista vivo

Haciendo gárgaras con Perrier-Jouët

Es una verdad de Perogrullo que el orígen de la nueva ópera bufa protagonizada por el director deportivo del Real Madrid se encuentra en su nombramiento: si Ramón Calderón no hubiera designado como su compañero de viaje a Pedja Mijatovic, un hombre con escasa experiencia en esas lides aunque con el suficiente tirón mediático como para poder arrancar un centenar de votos en unas elecciones a la presidencia, el club no estaría fichando deprisa y corriendo en diciembre lo que no quiso traerse en junio debido a la hemorragia de satisfacción y autocomplacencia que generaban las dos Ligas. Habrá quien diga que sin Mijatovic al frente el Real tampoco habría conseguido esos dos títulos, pero el Madrid ya ganó algunas cosillas sin importancia antes de Pedja y seguro que seguirá ganándolas cuando al montenegrino le hayan desalojado de su despacho.

No había ensillado aún su caballo Calderón cuando ya galopaba excitado hacia la contratación de Cristiano Ronaldo, primero, y hacia la tercera Liga consecutiva y la décima Champions, después, cuando el palentino se dio cuenta de que el portugués seguía en el Manchester United y que Alex Ferguson, según declaraciones del todopoderoso escocés, no le vendería ni siquiera un virus. Varió entonces sobre la marcha el mensaje y, a la espera de que estuviera inspirado el flautista de Hamelín, se dejó caer que al campeón no le hacían falta refuerzos. Pero la teoría duró lo que el Barça tardó en empezar a carburar y, a partir de ese preciso instante, el desconocimiento ha dado paso a la precipitación: de ahí, por ejemplo, que el club haya contratado a Huntelaar y Diarrà cuando, según la normativa de la UEFA, sólo pueden utilizar a uno de los dos en la competición europea.

Juande, pues, deberá elegir entre el holandés y el francés. Por supuesto que, tal y como deja caer el nuevo comunicado oficial del club, (redactado, por cierto, con la misma celeridad con la que fichan jugadores) estos dos futbolistas no vienen sólo por seis meses, entre otras cosas porque ningún jugador del mundo aceptaría esas condiciones salvo que estuviera tan desesperado como Calderón, pero, preguntado por nuevas adquisiciones en el mercado de invierno, Mijatovic dijo en la misma rueda de prensa en la que confirmó la destitución de Schuster que los que llegaran tendrían que ser jugadores que pudieran ayudarles entre diciembre y junio, contradiciendo el comunicado oficial publicado ayer. Los actuales dirigentes del Real Madrid podían elegir entre reconocer que no conocían el artículo de marras, en cuyo caso quedarían como unos verdaderos zoquetes, o afirmar que lo conocían perfectamente y que todo era interpretable. Puede que sí y puede que no, decidirá la UEFA. Aquí lo único que no es interpretable es que si Calderón no hubiera elegido a Mijatovic, el Real Madrid no estaría haciendo gárgaras con una botella de Perrier-Jouët, 4.000 euros por botella. 
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