El penúltimo raulista vivo

Hablando de linchamientos

No he escuchado ni una sola crítica al juego de la selección que no haya sido estrictamente deportiva, ni una sola; de ahí justamente mi profunda extrañeza al saber por los colegas de la prensa allí destacados que en la concentración del equipo nacional se tiene la sensación generalizada de que aquí les estamos linchando, así como suena. Lo que yo creo que ha pasado es que Del Bosque sí se esperaba las críticas vertidas contra él en Sudáfrica-2010 y estaba prevenido y armado de paciencia contra el "luisismo" más extremista y rancio, pero que sin embargo tenía la profunda convicción de que haber conquistado un Mundial le iba a servir para esquivar las primeras balas dialécticas; la sorpresa de Vicente probablemente proceda del hecho de haber sido cuestionado tácticamente a las primeras de cambio y después de haber empatado a uno ante un equipo que ha sido ni más ni menos que cuatro veces campeón mundial.

La forma que Del Bosque ha elegido para responder a las críticas ha sido como siempre impecable. Vicente no pierde jamás las formas y de puertas para afuera muestra un equilibrio personal que le viene muy bien a una selección tradicionalmente torturada como la nuestra. La forma (tranquila, sosegada, impasible...) ha sido como decía de diez sobre diez, pero el fondo me ha sorprendido un tanto porque traiciona el "modus operandi" del seleccionador, un hombre poco o nada dado a enviar al "hombre del frac" a casa de los críticos, que por otro lado siempre han existido y siempre existirán; y él, que se formó como jugador y como entrenador en el Real Madrid, debería saberlo mejor que nadie. Por otro lado, el listón de exigencia de una selección que ha sido sucesivamente campeona de Europa y del mundo no puede estar jamás a la misma altura que el de Portugal, Suecia o Grecia. No en vano, y de no haber conseguido el pase a cuartos, parece que habría sido el propio Vicente del Bosque quien se habría pensado si seguir o no al frente del equipo.

Lo que más me desagrada, aunque quizás sea inevitable, es el tufillo que algunos están empeñados en que desprenda un debate puramente futbolístico y que, de nuevo, una vez más, traslada al equipo nacional los recientes enfrentamientos entre Real Madrid y Fútbol Club Barcelona. ¡Si hasta ha vuelto a aparecer Mourinho por medio!... Y digo que probablemente sea inevitable puesto que, con Eurocopas o sin ellas, con o sin Mundial, éste ha sido siempre más un país de clubes que de selección. Respeto profundamente a quienes no se permiten dudar bajo ninguna circunstancia del famoso "modelo"; sus motivos para no hacerlo están sólidamente fundamentados en dos éxitos tan clamorosos como los de 2008 y 2010. Pero lo que yo digo es que, respetando el estilo que nos ha hecho campeones y admitiendo que tenemos a algunos de los jugadores más idóneos para interpretarlo, no conviene tampoco cerrar los ojos antes un hecho cierto: nuestro fútbol ya no pilla a nadie desprevenido y cada día nos cuesta un poquito más abrir la lata.

Sinceramente no creo que nadie se pueda sentir ofendido o molesto porque alguien diga esto. No pienso que nadie merezca tampoco que le llamen antiespañol por opinar que Del Bosque podría valorar otras opciones, pero ni siquiera eso es novedad. Puede que algunos internacionales se hayan permitido el lujo de hablar de "linchamiento" debido a su juventud y a que por edad no vivieron y por lo tanto no recuerdan las etapas de Ladislao Kubala, Luis Suárez, José Antonio Camacho, Javier Clemente o Iñaki Sáez al frente de la selección nacional. Aquellos sí que eran tiempos auténticamente perros. Es también curioso y paradójico, y en cierto modo ilustrativo del estado actual de las cosas en nuestro país, que sean precisamente muchos de aquellos que pitan el himno nacional o le enseñan el culo al Rey Juan Carlos quienes tildan ahora a los críticos de antipatriotas por decir que a veces adormila tanto toque o que en determinadas fases del partido convendría jugar con un 9. Bienvenidos a España.

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