El penúltimo raulista vivo

Hablando de Borg y de Nadal

Hablando de Borg y de Nadal: España, 6 - Polonia, 0. Servicio para Andrés Iniesta. Y aunque esta selección polaca no es ni por asomo aquella que alcanzara tan brillantemente la tercera plaza del Mundial que nos tocó organizar en su día para que otros disfrutasen (el equipo liderado por Boniek y completado magníficamente por jugadores de la talla de Mlynarczyk, Szarmach, Lato, Matysik o Malewski), el fútbol no ha podido cambiar tanto en los últimos veinticinco años como para que de repente resulte sencillo hacerle a alguien un set en blanco. Y para la selección de Vicente del Bosque, como para Brasil, es más complicado aún si cabe porque sus rivales andan sobre la pista de qué son capaces de hacer si se les deja a su libre albedrío los Villa, Cesc, Silva, Xavi con uve o Xabi con be. Lo cierto y verdad es que allí por donde pasa la selección española no vuelve a crecer la hierba. Es bueno que nos tengan respeto pero no me gusta tanta euforia.

Hay que reconocer que lo de Andresito es, si se me permite el vulgarismo, la leche en bote. ¡Cómo juega al fútbol el gachó!... Iniesta, como le ocurre también un poco a Silva cuando logra conectarse, nos deslumbra a todos con su juego de salón. Pero el talón de Aquiles del culé es su extrema fragilidad, hay que cuidarle, mimarle y tenerle entre algodones porque sólo tiene un golpe. Es, para que nos entendamos todos, nuestro jarrón chino de la dinastía Ming. También es cuestión de suerte porque otros mucho más fuertes y atléticos que él, y estoy pensando por ejemplo en Ballack o en Ferdinand, ya han sufrido en sus propias carnes los rigores del Mundial antes de que el árbitro pite siquiera el inicio del Sudáfrica-México del viernes que viene. La buena noticia es sin duda la lenta pero segura recuperación de Torres. Me parece que si todo va bien veremos durante muchos minutos a Villa sólo arriba y a priori no me atrevo a aventurar el papel que le tocará desempeñar al delantero del Liverpool, pero siempre es bueno tener opciones. La de Del Bosque, por cierto, se apellida claramente Alonso: si le salen bien las cosas será el Mundial de España.

Me llegan noticias de que los ladrones ya han empezado a entrar sigilosamente en las habitaciones de los periodistas mientras duermen y que incluso a un colega portugués le han encañonado con una pistola. Ojalá no ocurra nada más, pero estas cosas pasan cuando llevas un Mundial a un país en el que la gente se muere literalmente de hambre. A Sudáfrica no hay que publicitarla sino ayudarla a que salga hacia adelante. ¿El Mundial?... El 11 de julio, cuando haya acabado, los pobres seguirán siendo pobres y los ricos serán un pelín más ricos. Dos años después de los Juegos de Pekín, el Gobierno chino sigue ajusticiando a los disidentes como si no costara (714 ejecuciones en 2009) y se continúan pisoteando los derechos fundamentales de las personas. El COI se equivocó. La FIFA se equivoca. Yo, que disfruto como el que más con el Frank Cappa del gran Manfred Sommer y que tengo al Corto Maltés de Hugo Pratt entre mis héroes de cabecera, daré mi opinión de lo que allí suceda desde la distancia segura de Madrid, ciudad con más ley que Rustemburgo o Nelspruit. Y rezaré para que todo el mundo regrese a España sano, salvo y con la Copa del Mundial de recuerdo bajo el brazo. 
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