El penúltimo raulista vivo

Habla Nadal y salta la rana podemita

Los enemigos de España, muchos de ellos nacidos para nuestro infortunio en territorio nacional español, perciben desde hace algunos años que Rafael Nadal Parera se ha convertido de un tiempo a esta parte en un rival a tener en cuenta, uno a quien conviene seguir de cerca por si hay que hacerle algún escrache. Sucede también con otros deportistas, como por ejemplo Fernando Alonso, pero de un modo especial ocurre con Nadal porque Rafa reúne todas y cada una de las condiciones necesarias imprescindibles para descabalgarles en su intento calculado de destrucción de la nación española: Nadal es probablemente el mejor deportista español de todos los tiempos, es un hombre siempre elegante tanto dentro como fuera de las pistas, no se le conoce una salida de tono y, como los vinos, resulta que según ha ido cumpliendo años la dimensión de Rafa ha ido agigantándose, ha ido creciendo del mismo modo que creció hasta sobrepasar el aspecto estrictamente deportivo la de aquellos que han sido considerados los mejores deportistas de todos los tiempos. Ali boxeaba, sí, pero no era sólo un boxeador sino que se acabó convirtiendo en un líder, de modo que cuando Ali hablaba la gente le prestaba atención y eso es precisamente lo que odian los mediocres, los huraños, los insulos, en definitiva las malas personas.

A Rafa le han acusado de tener privilegios a través de su escuela de Manacor, de machista por darle un beso a una niña recogepelotas, un piernas de Podemos le llamó pasabolas, incluso le han acusado de postureo por coger una escoba y ponerse a ayudar a sus vecinos tras las terribles inundaciones de 2018. Uno tras otro los reproches que le hacían a Rafa Nadal fueron cayendo en saco roto y él los despejó con su habitual elegancia y saber estar, y eso fue por doble motivo: primero, por la mediocridad de (ellos sí) los pasabolas que tenía enfrente y en segundo por su inatacable e intachable imagen. España es una nación magnífica y muy antigua que, de vez en cuando, tiene la suerte de parir ciudadanos que se encuentran muy por encima del nivel medio, ése es el caso de Rafa Nadal, los mediocres lo perciben y, en cuanto pueden, van a por él con armas y bagajes.

La última temeridad protagonizada por Rafa Nadal ha sido la de decir que, independientemente de su color político o de las siglas del partido, el Gobierno de Pedro Sánchez ha cometido errores en la gestión de la crisis por el coronavirus y que admitirlo es humano. Si esto mismo que ha dicho Nadal lo dijera, por ejemplo, Cristiano Ronaldo del primer ministro de Portugal, el señor Antonio Costa, todo el mundo le miraría de arriba abajo con cierto recelo porque resulta que en Portugal, que suma 1.074 trágicos fallecimientos por Covid 19, las cosas se han hecho razonablemente bien y la pandemia se ha gestionado en tiempo y forma, atendiendo al sentido común y al consejo de los expertos. Tiene tan poco que ver en todo esto la adscripción ideológica, que estoy poniendo como ejemplo de buena gestión a Costa, que es el secretario general del Partido Socialista portugués, o sea el partido homólogo de Pedro Sánchez. Aquí se hizo muy mal y nuestros vecinos, gobernados también por socialistas, lo han hecho bien, y eso es lo que yo creo que cuestiona Rafa Nadal cuando, a cara descubierta, dice que se han cometido errores.

¿Por qué dice esto Nadal? En primer lugar lo dice porque es cierto, se han cometido y se siguen cometiendo muchísimos errores; en segundo lugar lo dice porque puede decirlo, y esto no es baladí en un país como el nuestro en el que sigue en vigor el Estado de Alarma, se prohíben manifestaciones y a un general de la Guardia Civil se le escapa que se perseguirán las opiniones críticas. El caso es que si lo que acaba de decir Nadal lo digo por ejemplo yo, el eco será mucho menor y me prestarán mucha menos atención, pero si lo dice un tipo que ha ganado once Roland Garros, que le da un beso a una niña recogepelotas porque acaba de darle un pelotazo o que agarra la escoba para ayudar a sus vecinos de Manacor después de las inundaciones, si lo dice Rafa Nadal... entonces la cosa cambia. Si lo dice Nadal, y como en la canción de María del Monte, salta la rana.

Lo que pasa es que esta rana no es como la del cuento, que si la das un beso se convierte en príncipe, no. A esta rana ya puedes darle besos a tornillo si quieres que seguirá siendo una rana. La rana de Adelante Andalucía, que es la marca formada por Podemos e Izquierda Unida, ha llamado "facha" a Nadal por decir que se han cometido errores y que no pasa nada por reconocerlos. A través de su cuenta de Twitter un tal Nate, que dice que comunica no sé qué y que milita en Anticapitalistas, ha llamado casposo y facha al mejor deportista español de la historia después de decir que Pablo Motos habría reunido todos los requisitos para formar parte de un gobierno del general Franco. Ya no les cae bien tampoco Motos. Salta la rana Nate, salta la rana podemita, pero para volver a la charca. Salta la rana y crece Nadal, don Rafael, que tiene al apoyo mayoritario e incondicional de sus compatriotas, hartos de la gente mentirosa y sin escrúpulos que es capaz de decir "lo siento, me equivoqué y os pido perdón". Al final de la película Esencia de Mujer, Pacino, que interpreta al teniente coronel Frank Slade, dice, refiriéndose a Charlie, que está seguro de que él no venderá a nadie para salvarse. "Y eso amigos míos", añade, "es ser íntegro, ser valiente. Así deberían ser nuestros líderes". Así es Rafa Nadal. No lo destruyamos, protejámoslo, abracémoslo. Punto, set y partido... otra vez.

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