El penúltimo raulista vivo

Guti y Eldorado de Calderón

Nunca he sido gutiísta. Sólo un ciego sería incapaz de ver la clase que tiene ese chico. Yo, como cualquiera que tenga ojos en la cara, la vi desde el primer momento, desde el instante mismo en que dio el salto a la primera plantilla. Cuando alguien dice que no es gutiísta, los gutiístas de salón saltan inmediatamente a la palestra para acusarle a uno de que no tiene ni idea de fútbol. Pero no es eso, no, qué va. Repito que sólo un ciego o alguien con muy mala leche podría afirmar que Guti no tiene una clase única, irrepetible. Ese chaval nació con un don para jugar al fútbol y voto a bríos que se gana muy bien la vida pegándole patadas al balón. Si yo no soy gutiísta no es porque al jugador le falte clase sino porque, a lo largo de los últimos diez años, sólo le he visto sacarla a cuentagotas, con indudable racanería. Si yo no soy gutiísta es porque Guti acabó por transformarse en una plañidera que amagaba todos los años con buscarse la vida fuera del estadio Santiago Bernabéu y que luego volvía a quedarse para darle sombra al botijo de Zidane. Si yo no soy gutiísta es porque a Guti, de repente, en el momento más inoportuno del partido, le daba el siroco y dejaba a su equipo con diez. Exactamente igual a como sucedió contra el Racing. En definitiva: yo no soy gutiísta porque esperaba de Guti mucho más que los propios gutiístas.

El pasado sábado, con los tres puntos en el bolsillo y a falta de dos minutos para el final del partido, a Guti le dio el siroco. ¿Por qué? El día del derby contra el Atlético de Madrid le pegaron como si le debiera algo a Javier Aguirre, pero no rechistó. Contra el Celta, de nuevo en casa, le dieron más que a una estera. Los problemas del Madrid de Capello están más en casa que fuera, de ahí que todo el mundo quiera cerrarle el grifo del juego al Real. Hasta ahí todo normal. Pero, ¿mandarle un recado a Vitolo en el minuto 88 con 3-1 a favor en el marcador? ¿Provocar una expulsión con el Valencia esperando a la vuelta de la esquina? Está más claro que el agua que Guti se borró. Así de simple. Por eso no soy gutiísta.

La pregunta surge a renglón seguido: ¿por qué se borró? Y aquí vuelve a tener una intervención crucial lo afirmado hace bien poco por el presidente Calderón. Don Ramón, a quien ya desmienten incluso sus propios jugadores, le dijo a Guti que le renovaría "de por vida". ¡Toma ya! Fíjense si estaría contento Guti que incluso propuso un código interno de conducta para los jugadores. Pero cuál no sería su sorpresa cuando, al pasar por la consulta del doctor Mijatovic, éste le dijo que su vida merengue iba a quedar reducida hasta el año 2010. En realidad no fue Vitolo, que el pobre sólo pasaba por allí, quien desestabilizó a Guti, sino la promesa de Eldorado presidencial. Calderón, como Schmidt Becerra, lleva nueve de nueve en los tiros de tres: Kaká, Cesc, Robben, el contrato de la tele, la retirada de Beckam, la conversación privada con Raúl, la confirmación del fichaje de Higuaín y las renovaciones de Roberto Carlos y Guti. Es una máquina. Las mete todas. No hay quien le frene. Y mucho ojito porque es ahora cuando empieza a tener la muñeca caliente.
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