El penúltimo raulista vivo

¡Guardiola seleccionador!

Hay que ver qué admiración siente Pep Guardiola por aquellos países en los que no se respetan los derechos humanos más elementales y qué odio tiene a las democracias consolidadas, como por ejemplo la española. Siente admiración por los supremacistas catalanes, por Puigdemont, por Torra y por Junqueras, y profesa por ellos el mismo respeto que podría tenerse hacia figuras como Ghandi o Martin Luther King. Pero los supremacistas catalanes no luchan por la igualdad, no, sino que la agudizan, y el peso de la balanza de la discriminación siempre se vence del mismo lado, del lado de los constitucionalistas, que defienden el imperio de la ley. Pep Guardiola habla bien de la Cataluña de los contenedores quemados, de la Barcelona de las peleas callejeras, de la Cataluña en la que se cortan las carreteras o se impide a los alumnos acudir con normalidad a la Universidad, y cada vez que tiene ocasión habla mal de la España que aparece siempre en la clasificación de las democracias más consolidadas y con más libertad. Guardiola quiere para Cataluña lo que encontró, por ejemplo, en la modélica Qatar. El ex entrenador del Barcelona calificó al Estado español como autoritario y puso como paradigma de país abierto y occidental a Qatar. Fue, además, embajador de la candidatura del Emirato para ser la sede del Mundial del año 2022 pese a las contínuas denuncias de violación de los derechos humanos: "Viví allí dos años con mi familia", decía Guardiola, "y me trataron muy bien, dejé muchos amigos musulmanes. Te hace ver las diferentes culturas y creencias religiosas milenarias. Puede costar entender su cultura, como ocurre con la de Cataluña". Claro, Guardiola, ¡cómo tú no eres mujer ni homosexual, la vida te sonrió en Qatar.

El otro día le preguntaban a Guardiola si él entrenaría alguna vez al Real Madrid, cuestión ésta que es metafísicamente imposible, y él dijo que, antes de sentarse en el banquillo blanco, se iría a las Maldivas. Y aquí entra de nuevo en juego esa querencia inconsciente que tiene Guardiola hacia aquellos presuntos paraísos en los que, al contrario de lo que sucede en España, no se respetan los derechos humanos. El 26 de marzo del año 2013, Javier Lozano escribía en Libertad Digital un reportaje titulado "El paraíso de las Islas Maldivas, un infierno para los no musulmanes", y se refería, por ejemplo, al caso de una menor de edad condenada a cien latigazos por conducta inmoral tras ser violada por su padrastro durante años. En Maldivas rige la sharia, la ley islámica, una cultura milenaria que, según propia confesión, le gustaría muchísimo poder explorar a Guardiola antes de sentarse en el banquillo del Real Madrid. Porque, tal y como relataba Javier Lozano en aquel artículo, Maldivas es un país con dos caras, brutal, por ejemplo, para los cristianos e idílico para los Guardiolas de la vida.

Ya digo que no existe ni existirá jamás ni la más remota posibilidad de que Pep Guardiola ocupe alguna vez el banquillo del Real Madrid, y no porque no sea un buen entrenador de fútbol, que lo es, sino porque es un traidor a España. Ayer, con buen tino, Rodrigo Marciel apuntó en El Primer Palo que Guardiola había negado al Real Madrid, sí, pero que de la selección no había dicho sin embargo ni mu. Y yo no descarto que, en la España actual, Guardiola acabe siendo seleccionador nacional, ¿por qué no?... Guardiola jugó 47 partidos para España, fue incluso miembro de aquella selección que se proclamó campeona olímpica en 1992, y después de aquello, nada más colgar las botas, confesó que se había estado burlando de todos nosotros y que si él, que era independentista, había jugado para España era únicamente porque no podía hacerlo con Cataluña. Y después de aquella traición, tras aquella felonía, después de aquella burla, el Consejo Superior de Deportes le concedió al señorito Guardiola la Real Orden del Mérito Deportivo, que es la más alta distinción que se otorga al deporte en nuestro país. O sea, el gobierno de España concedió a Guardiola en 2010, y bajo la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, la máxima distinción deportiva después de haberse declarado antiespañol e independentista.

De modo que, efectivamente, en la España actual, la España que aplaude a Bildu en el Congreso de los Diputados, la España que insulta impunemente a Su Majestad El Rey Juan Carlos I sin que el presidente del Gobierno mueva un músculo, la España que ofende gratuitamente a Su Majestad El Rey Felipe VI, la España que tiene que aguantar que una diputada de las CUP o de las CAP o de las QUIP diga que a ella le importa un pito la gobernabilidad de España, ¿por qué no creer que exista la posibilidad de que Guardiola acabe siendo seleccionador nacional de fútbol? ¿O secretario de Estado para el Deporte? ¿O ministro? ¿O presidente del Gobierno? Todo, absolutamente todo, es posible en estos momentos. Todo menos que algún día se le ocurra a este o a cualquier otro presidente del Real Madrid pensar en el traidor Guardiola como candidato al banquillo merengue. Porque el Madrid es una institución que ayuda a vertebrar España mientras que Guardiola simplemente quiere destruirla, acabar con ella, machacarla, hundirla, romperla, hacerla añicos, de ahí justamente que fuera premiado con la Orden del Mérito Deportivo. En Qatar a estos los fusilan, aquí los premiamos.

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