El penúltimo raulista vivo

Guardiola no es el santo niño de Moronacocha

Guardiola es Pep y su personaje. Ojo, seguro que Mourinho también, lo que sucede es que a Mourinho le ha tocado el papel de Darth Vader mientras que Guardiola rema a favor de la corriente porque va de novicia María, cantándonos a todos eso tan bonito de "Edelweiss, Edelweiss, flor de nieve puede florecer y crecer"... Y no me lo creo, no me creo a la novicia María interpretada por Guardiola, me quedo con la de Julie Andrews. A mí me parece que Guardiola es más el que pudimos ver ayer al final del partido contra el humilde Copenhague. Acostumbrado a que aquí (y cuando digo "aquí" me refiero a "allí", o sea a Barcelona) le reciban en la sala de prensa con sándalo y clavel, Guardiola estalla en cuanto alguien osa subírsele a la chepa. Con Mourinho todavía no se ha atrevido y tengo para mí que no se atreverá.

¡Menudo espectáculo!... Guardiola y Solbakken a punto de soltarse un manotazo, y Busquets zarandeando al entrenador del otro equipo. Al final, en rueda de prensa, Guardiola dijo lo siguiente a propósito del altercado: "No puede pedir cuatro partidos para Pinto"... ¿No puede? ¿Seguro que no puede?... Vamos a ver: Pinto imita el sonido de un silbato cuando Santin se dirige en solitario hacia la portería culé, y el brasileño, ingénuo donde los haya, no sigue la jugada... Si yo hubiera sido el entrenador del Copenhague no habría pedido cuatro partidos para Pinto sino quince. Quiero dejar claro que una cosa es la fenomenal hoja de servicios de Guardiola como entrenador del Barcelona (que eso deberá agradecérselo Rosell) y otra bien distinta que piense que fuera del Nou Camp se le debe recibir como si fuera el santo niño de Moronacocha, eso sí que no.

Al Barcelona empiezan a defenderle un poquito más arriba y a Guardiola un poquito más abajo. Por eso, y porque creo que su relación con el presidente del club no pasa del 4,5, tengo la sensación de que ésta será su última temporada en el Barcelona. Aquí ya lo ha ganado todo, en el futuro podrá ser presidente y además Ferguson le quiere como su sutituto en el United. Guardiola no está en modo alguno agotado como entrenador y seguro que conseguirá muchos más éxitos, pero su personaje aquí ya no cuela. El de Mourinho sin embargo, que luego no será tan coco como aparenta, está en alza y le ha robado casi toda la cuota de mercado. Sin Laporta, dedicado a zancadillear por la calle a sus oponentes, y con Rosell, que le puso a caer de un burro cuando fue en la candidatura de Bassat, a Pep sólo le queda una salida: buscar el clavel en otro sitio.  

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