El penúltimo raulista vivo

Guardiola, el okupa, Laporta y los Tata

En su afán por encontrar cuanto antes un nuevo Guardiola que hiciera olvidar a Laporta, el dimitido Rosell se inventó a Martino tras quemar a Pep a fuego lento y más tarde el okupa Bartomeu se sacó de la manga a Luis Enrique, que aunque nació en Gijón y no es independentista, odia profundamente al Real Madrid. "Vaya una cosa por otra", debió pensar el presidente culé, "nadie es perfecto". Pero dirigir al Barcelona requiere un carácter más parecido al de Guardiola, que mentía hasta cuando decía la verdad, o del mismo Martino, que se tomó la temporada pasada como un Máster acelerado de cómo no debía dirigirse un gran club de fútbol. Martino, y creo que ya lo dije aquí, sabía más o menos desde finales del mes de diciembre que no seguiría en el club pero Rosell se dio cuenta de que el Tata no era el hombre adecuado desde el mes de septiembre.

Creo que pasa lo mismo con Luis Enrique y Bartomeu. Me parece que, pese a la irreal racha de buenos resultados en la Liga, el okupa se dio rápidamente cuenta de que aquel no iba a ser ni por asomo el nuevo Guardiola. Pero es que Guardiola, que es de Sampedor, que fue recogepelotas en el Camp Nou y luego jugador y despùés entrenador, que va diciendo por ahí cosas tan psicodélicas como que viene de "un país pequeñito de ahí arriba" y que reconoce que si él jugó con España fue porque no le quedaba más remedio y porque no hay una selección catalana en condiciones, sólo hay uno y está en Múnich. Buscar otro Guardiola es como ponerse a seguirle el rastro al vellocino de oro, una misión imposible: Luis Enrique no es Guardiola. Es más, y ahondando en la teoría apuntada por Salvador Sostres, que le conoció en la intimidad, es probable que el Guardiola que conocemos no tenga nada que ver con el Guardiola real.

Luis Enrique dijo después de la derrota ante el Celta que se abría la "semana divertida". No estoy de acuerdo: yo creo que no sólo la semana sino toda la temporada va a resultar muy entretenida. Porque desde el vestuario ha empezado a filtrarse que el Barça fue al Bernabéu sin un plan, que los jugadores no saben a qué juegan, que el colmo de los colmos fue sentar a Rakitic contra el Real Madrid y que Luis Enrique no habla con los futbolistas. Y cada vez que al Tata Martínez le preguntan por Piqué, Mathieu, Montoya o Pedrito uno tiene la impresión de que el asturiano se está tragando un sable al tiempo que camina sobre cristales rotos. Y eso que, hasta la fecha, nos hemos encontrado con un Luis Enrique muy contenido. Pero que nadie dude que es una bomba de racimo humana a la espera de hacer "¡booooom!". Cuando lo haga, que lo hará, todo el mundo cuerpo a tierra. De la risa, claro.

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