El penúltimo raulista vivo

Guardiola debería charlar cuanto antes con Cristiano

Antes que nada, quitémonos de un plumazo la morralla para así poder dedicarnos a lo sustancial del asunto: la tarjeta roja a Ronaldo es justa y su actitud inexcusable; el portugués sabe muy bien dónde está Mtiliga y le pega un manotazo en la cara con la mala suerte de que le rompe la nariz; el Comité de Competición probablemente sancione a Ronaldo con tres partidos y el recurso del club dejará el castigo en dos, aunque esa cuestión es irrelevante: lo cierto es que el Real Madrid deberá jugar en Riazor, un campo complicado, sin su jugador franquicia, y lo hará además en una jornada en la que el Barcelona visita El Molinón; Valdano, que no es Teresa de Calcuta, hace bien en defender a su jugador, y además Jorge no dice nada del otro mundo: no está de más que los árbitros, que son los encargados de impartir justicia sobre el campo, conozcan el espíritu del fútbol además de sus reglas y sepan distinguir a aquellos futbolistas que pretenden jugar de aquellos otros que intentan impedirlo por todos los medios. El Madrid, que no es una ONG como pretenden algunos, recurrirá como, por otro lado, hacen absolutamente todos los clubes de fútbol del mundo. Dicho lo cual...

Ronaldo tiene un problema evidente de adaptación a la Liga española. El portugués cae con excesiva facilidad en la trampa de jugadores que intentan sacarle de sus casillas. No creo que fuera el caso concreto de Mtiliga, que lo único que pretendía era cortar la jugada de Cristiano agarrándole por todos sitios, pero sí estoy convencido de que, mientras Ronaldo no supere su adicción al jaleo sin resultados prácticos, (la jugada con el futbolista del Málaga se produce cuando su equipo gana por 2-0 y el partido está resuelto) habrá entrenadores que manden a sus chicos a provocar al 9 para así dejar al Real con 10. No es la primera vez que expulsan a Ronaldo por una memez, pero está visto que no aprende. Habrá quien piense que Guardiola, Emery, Manzano, Lotina, Jiménez, Míchel, Caparrós, Valverde, Preciado, Flores, Camacho, Portugal, Pochettino, Lillo, Muñiz, Mendilíbar, Oltra, Gay o Gorosito tendrían que sacar un minutillo de sus apretadas agendas para hablar sobre el tema con Cristiano y aconsejarle qué debe y qué no debe hacer y cómo ha de reaccionar ante esas jugadas que, a buen seguro, se repetirán durante toda la Liga. Pero, respetando todas las opiniones, yo creo que quien debe hablar con Ronaldo es su entrenador, Manuel Pellegrini. Sé que es una opinión revolucionaria y que levantará ampollas, pero es lo que creo: el entrenador del Real Madrid, y no los del Mallorca, Valencia, Sporting o Athletic, debe hablar con los jugadores del Real Madrid. ¿Verdad que parece increíble?

La pena de todo esto es que el manotazo de Ronaldo a Mtiliga y su consiguiente expulsión vuelve a desviar la atención de lo que realmente importa que no es otra cosa que el paupérrimo nivel de fútbol que sigue mostrando el Real Madrid cuando ya andamos próximos a finiquitar el quinto mes de competición. Mientras el Barcelona, que debería acusar un proceso electoral que a buen seguro dejará varios cadáveres deportivos repartidos por el camino y sacará de los armarios más de un esqueleto y más de dos, se ocupa de lo único trascendente, el Madrid, que viene de realizar la mayor inversión económica y de ilusión de toda su historia, lleva perdido desde septiembre entre alcorconazos, expulsiones, apuestas de patio de colegio y una construcción que el ingeniero Ptolomeo promete acabar el mismo día que empiece el Mundial. Yo, si quiere Pellegrini, con mucho gusto le dejo el teléfono de Tito Vilanova, el segundo de Guardiola, para que le diga qué hacer con Ronaldo. Y es que Pep, queridísimo don Manuel, no concede entrevistas personales. Aunque, bien pensado, también podría asistir a una de sus ruedas de prensa acreditado por Real Madrid Televisión.
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