El penúltimo raulista vivo

Griezmann o cómo despedirse como el pirata Barbanegra

Decía Miguel de Cervantes que la verdad adelgazaba y no quebraba, y que siempre andaba sobre la mentira como el aceite sobre el agua. Si, y siguiendo con el símil de nuestro genio de las letras, la verdad adelgaza, la junta directiva del Barcelona debe ser la que más obesos tenga por metro cuadrado del mundo porque no dice una verdad ni a punta de pistola. De ahí precisamente que me haya llamado tanto la atención la reclamación un tanto desesperada que el representante de Coutinho ha lanzado a través de los medios de comunicación: "¡Díganme la verdad!"... Lo que en realidad se teme este caballero de nombre tan complicado es que su representado, que anda con la mosca de la mentira detrás de la oreja, entre en el pack de la operación de Neymar, y nuestro amigo Philippe acabe en el Paris Saint Germain purgando las culpas de haberle costado al club catalán ni más ni menos que 160 millones de euros. Pero si lo que busca el representante de Coutinho, que asegura que le han jurado y le han perjurado que el futbolista es intransferible, es que Bartomeu y compañía le digan la verdad, lo cierto es que lo tiene más complicado que el agente Ethan Hunt de Misión Imposible porque se enfrenta a un poder superior, ni más ni menos que a la directiva que ofreció seis versiones distintas, seis, acerca del precio real de Neymar, a saber: 88,2 millones, 57 millones, 108,7 millones, 19,3 millones, 22,5 millones y, al fin, 17 millones: ¿Dónde está la bolita?... Mi consejo: si te han dicho que Coutinho es intransferible, vete haciendo las maletas que te empaquetan a París.

Por otro lado, y hablando precisamente de cómo engorda la mentira, el otro día me quedé perplejo con una encuesta que hacían en televisión entre varios aficionados culés que se mostraban ofendidísimos con Griezmann por haberle dicho que no al Barcelona hace un año. Y es que en el Camp Nou tienen un grave problema con el concepto de propiedad privada que, aunque ha ido sufriendo modificaciones a lo largo de la historia, se refiere fundamentalmente a los derechos de las personas y empresas a obtener, poseer, controlar, emplear, disponer de y dejar en herencias, capital, cosas y otras formas de propiedad. Griezmann, almas de cántaro, no le dijo que no al Barcelona sino que le dijo que sí a su legítimo propietario, que era el Atlético de Madrid. Griezmann amplió su contrato con el Atlético hasta 2023 y el Barcelona se entrometió en su fichaje allá por diciembre de 2018, hasta el punto de que su responsable de Relaciones Institucionales y Deportivas, Guillermo Amor, reconoció delante de toda España que era probable que hubiera existido un acercamiento. Eso, queridos míos, lo dijo en diciembre de 2017, en plena competición, y causó tal revuelo que al equipo rojiblanco no le quedó más remedio que denunciarlo. Ahora Bartomeu acaba de explicar que hasta mayo no contactaron de nuevo con Griezmann, pero sin embargo el vídeo de presentación del jugador se tenía preparado desde el mes de abril: si yo fuera Gil o Cerezo iba a por ellos hasta el final.

Lo expuesto por esos culés es fruto de la desinformación y puede que también de esa idea tan peculiar que tienen algunos seguidores del Barcelona de que el Atlético de Madrid es uno de sus satélites, pero el caso de Antoine Griezmann es distinto, el caso del francés es sin lugar a dudas el paradigma de la cara dura; uno tiene que tener un rostro como el mármol y ser un auténtico desahogado para decir que si le tiene que pedir perdón a la afición del Barcelona lo hará sobre el campo. No, Griezmann, no, tú a quien tienes que pedirle perdón es a la afición del Atlético de Madrid, que es el club con el que firmaste una ampliación de contrato que expiraba dentro de cuatro años. Te burlaste de esa afición, firmaste algo que luego no cumpliste, negociaste a espaldas de tu club, lo hiciste las dos veces en plena competición y, eso sí, no contaste con la infinita torpeza de la directiva más mentirosa de la Unión Europea, que lo confesó todo porque hubo alguien que, por un descuido, sí dijo la verdad. Hay una expresión coloquial española que se remonta al siglo XVIII y que solemos emplear cuando alguien se va sin despedirse del anfitrión, "despedirse a la francesa". Tú no te despediste a la francesa, eso lo hizo en su día el Kun Agüero, a quien probablemente le dio vergüenza; tú has vivido a cuerpo de rey en casa de tu anfitrión, le has gorroneado todo lo que has podido y te has ido haciéndole una pedorreta. Tú te has ido como lo habría hecho un pirata, como lo habría hecho Bartholomew Roberts, que llevó a cabo más de 400 saqueos en 4 años, o como lo habría hecho William Kidd o Henry Morgan. Lo tuyo no es mala educación, lo tuyo es otra cosa peor.

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