El penúltimo raulista vivo

Gozalo murió con la radio puesta

Yo, y ya lo he contado muchas veces, me dediqué profesionalmente a la radio deportiva por José María García, por Andrés de Sendra, por José Félix Pons, por los Héctor (Quiroga y Del Mar), por Pedro Pablo Parrado, que es el hermano que nunca tuve, por Chema Abad, por Gaspar Rosety, por Quique Guasch y, por supuesto, por Juan Manuel Gozalo, mi tocayo Juanma, Kubalita. Todos ellos, y algunos más, formaron la banda sonora deportiva de mi vida y, lo que resultó más trascendente para mí, contribuyeron decisivamente a la hora de forjar una vocación, una ilusión, el sueño por hacer algo. Porque yo quería ser como ellos, hacer lo que ellos hacían, entrevistar a las grandes estrellas del deporte, estar con ellas para luego poder contarlo. Con el tiempo y una caña, gracias a su inspiración, logré hacer todas esas cosas y que encima me pagaran por ello: una parte importante de mi sueño, aunque no todo, está cumplido.

Tuve el inmenso privilegio y la impagable fortuna de recibir el magisterio de Juan Manuel Gozalo a lo largo de una Eurocopa, la de 2004, y un Mundial, el de 2006, que se me hicieron mucho más cortos gracias a él. Y es que, al contrario de lo que mucha gente pueda pensar, los periodistas cambiamos nuestra casa por el hotel y el estudio de radio por el IBC, el Centro Internacional de Prensa, una especie de Cárcel Modelo levantada a toda prisa para tener recogiditos durante veintitantos días a los locos de la radio y de la televisión y luego ser tirada abajo a la misma velocidad con la que fue construida. Gozalo me hizo mucho más llevadero el tiempo (que en esas "jaulas" suele ir muy pero que muy despacito) entre programa y programa; le conocí menos que otros pero aquellos días los disfruté más que nadie, de forma que ya tengo dos cosas por las que darle las gracias.

De entre todas la anécdotas que me contó elijo la siguiente: estando en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972, Juanma, que era un intrépido, logró colarse en el hotel que albergaba al equipo estadounidense de natación. Allí, tomando el sol en la piscina, vio al gran Mark Spitz a quien, sin pensárselo dos veces, asaltó con la grabadora en la mano: "¡mister Spitz, please, mister Spitz!"... Spitz, que acabaría colgándose siete medallas de oro en aquellos Juegos, levantó los ojos, se puso bruscamente en pie y, sin mediar palabra, se dedicó a perseguir por todo el recinto a Gozalo pegándole "sardinetas" con una toalla. Han pasado casi cuarenta años desde que sucediera aquella anécdota, pero la gran virtud del maestro ha consistido en conservar intacto hasta el último día el arrojo, la casta y el amor hacia la radio. Hace algunos meses, durante la presentación de la programación de Radio Marca, emocionó a todos diciendo que él no acabaría la temporada. Estando El Tirachinas en Santander, le pregunté a Quique Guasch por él y me dijo que estaba muy mal; el día anterior hizo su último programa y a eso de las cinco de la madrugada del jueves llamó a la radio para decir que lo sentía mucho pero que ese día no iba a poder trabajar. Murió con la radio puesta. Querido Juanma, tus alumnos te echaremos mucho de menos. Dale de nuestra parte un abrazo a Kubala.
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