El penúltimo raulista vivo

Fútbol sala manta

El secretario de lo que nos queda de Estado para lo que nos queda de Deporte debía tener tres cosas claras el sábado por la noche. Una, que el domingo daría comienzo en la pista Philippe Chatrier de Roland Garros la final individual masculina entre Rafael Nadal y Roger Federer. Dos, que en caso de victoria del primero de ellos, o sea del representante español, él cogería la posición a lo Kurt Rambis para salir en la foto. Y tres, que el lunes por la mañana se iba a disputar en una ciudad que se llama Yakutia y a la que yo no iré nunca de vacaciones un partido entre solteros catalanes y casados españoles, una especie de fútbol sala manta que no contaba con el beneplácito de nadie, ni de la FIFA, ni de la Federación Española de Fútbol, ni siquiera de la catalana, pero que, con objeto de dotarle de una falsa oficialidad, los organizadores pretendían adornar con la Marcha Real Española, también conocida como Marcha Granadera, Els Segadors y un par de banderitas.

El jueves Jaime Lissavetzky podría intuir, como todos, que el domingo Nadal jugaría la final de Roland Garros, pero sin embargo era perfectamente conocedor, al igual que todos, de que el lunes se iba a llevar a cabo esa auténtica pantomima siberiana con la consiguiente falsificación de algunos de nuestros símbolos nacionales. Pero el químico volvió a hacer la estatua y el resultado no ha podido ser más lamentable. Dejando a un lado que, tras el himno de Els Segadors, en representación de los tres barrigones de España sonó el God Save the Queen, el himno de Inglaterra, lo que me parece realmente surrealista es que la ministra del ramo diga que no hay que sacar las cosas de quicio después de tener que escuchar a José Luis Carod Rovira, el mismo que pidió hace poco el boicot para Madrid 2012, afirmando que Cataluña iba a jugar "con una selección del sur de Europa que quedaba muy cerca". Apoyados en el quicio del Consejo Superior de Deportes, quien sabe si esperando a que lloviera café en el campo, les pilló a todos estos el lamentable postizo ruso.

Parece que ahora, cuando la noticia ha dado siete veces la vuelta al mundo, la Abogacía de lo que nos queda de Estado va a ponerse a analizar lo sucedido. Seguro que para cuando acaben de estudiarlo en profundidad ya habrán jugado el partido de vuelta. El de ida, por cierto, acabó con 5-3 a favor de Cataluña. Que le pregunte Mercedes Cabrera a Javier Lozano por las declaraciones de Juan Antonio Fernández. Que le pregunte a nuestro seleccionador nacional, dos veces campeón del Mundo, qué le parece que ese individuo vaya diciendo por ahí que han ganado y han demostrado que se pueden enfrentar a España en un partido oficial con total normalidad. Que llame a nuestros jugadores, tres veces campeones de Europa, y les vaya preguntando, uno a uno, si a ellos también les da la impresión de que se han sacado un poco las cosas de quicio. Ya verán cómo la próxima vez unos que dicen que son España juegan contra el País Vasco y en vez de sonar el himno nacional de nuestro país sueltan por la megafonía la versión de King Africa de Paquito el chocolatero. Tranquilo, Jaime, tranquilo, saliste en la foto.

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