El penúltimo raulista vivo

Frijolito

No es Wenger un santo del que yo sea devoto. El entrenador del Arsenal me parece un auténtico arrogante, el tipo de persona que te mira por encima del hombro. Y un cobarde: prefirió la comodidad de la Premier a aceptar el reto que para él habría supuesto dirigir al mejor club de fútbol del mundo. Pero, en el caso concreto de Cesc, el francés tiene toda la razón de su lado al poner sus propias reglas para que el futbolista se vaya al Barcelona o a cualquier otro equipo del mundo. Wenger supo ver lo que pasó absolutamente desapercibido para el Fútbol Club Barcelona: que Fábregas era un jugador de primer nivel mundial; le recogió, le formó, le dio responsabilidades y al final le otorgó la capitanía. Sin el olfato de Wenger, sin su capacidad para descubrir nuevos talentos, probablemente Cesc no sería hoy el magnífico futbolista que es.

El Barça tiene una curiosísima forma de negociar. Lejos de constituir un problema para ellos, esperan que el hecho de tener telarañas en la caja fuerte (aunque Laporta lo niegue por activa y por pasiva) se convierta en un dolor de muelas para el club propietario del jugador de turno. Tanto Sporting como Villarreal tuvieron que dar por concluídas las "negociaciones" por José Angel y Rossi porque las ofertas culés eran ofensivas: por el delantero italiano se atrevieron a ofrecer 12 millones de euros cuando el chaval tiene un precio de salida, probablemente negociable, de 30. Alguien lo calificó de atraco a mano armada. Si Cesc jugara en el Manchester y Florentino Pérez hiciera lo que Rosell con el Arsenal, hace tiempo que Ferguson habría denunciado al Real Madrid.

Yo creo que el culebrón tendrá un final parecido al de Frijolito y Guardiola le entregará a Fábregas un papelito con el nombre de su nuevo club, que será el Barcelona. El Arsenal se rendirá por aburrimiento, el mismo que me produce a mí el culebrón más largo y tedioso de la historia reciente del fútbol mundial. Pero el periobarcelonismo aseguró que el caso estaría cerrado el 5 de julio y estamos a 6 y el río tiene las aguas estancadas. "¡Plántate!", le gritan desde la caverna azulgrana, y el chaval amaga quedándose otro ratito más haciendo pesas en el gimnasio. Ridículo. El caso es que, al parecer, nadie en Barcelona, empezando por el propio presidente del club, está convencido de que la apuesta por Cesc sea un acierto. También hay quien dice que si el chico fuera brasileño hace tiempo que estaría vistiendo la camiseta azulgrana. Pero Guardiola, que nunca ha tenido buena sintonía con Rosell, quiere a Cesc y, de paso, doblarle el brazo a su presidente. Veremos que dice Chantal de todo esto cuando se entere.

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