El penúltimo raulista vivo

Fin de ciclo de manual

También se mide la grandeza del Real Madrid por las reacciones que provocan sus derrotas o, como en la actualidad, por lo calamitoso de una temporada, y no tengo que retroceder hasta el Pleistoceno para buscar un ejemplo; hace dos años, el Real Madrid ganó Liga y Copa de Europa mientras que el Barça ganó la Copa del Rey, que, ya puestos, me parece incluso un título menor si la comparamos con el Mundial de Clubes que ha ganado ya el Madrid y en el que sólo puede participar el campeón de Europa. Liga y Copa de Europa contra Copa del Rey, pero no recuerdo que nadie se llevara entonces las manos a la cabeza ni sugiriera que no podía quedar piedra sobre piedra; el Barça acabó su mala temporada, se rehizo y, al año siguiente, ganó la Liga, que quedó nuevamente eclipsada por otra Copa de Europa madridista. En el caso del Real Madrid no es así y una temporada muy mala, como está siendo la actual, es suficiente para que se clame en la plaza pública por el regreso del doctor Joseph-Ignace Guillotin: que les corten a todos la cabeza, como reclamaba compulsivamente la Reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas.

El partido del Real Madrid en Mestalla fue malo, muy malo. Fue tan malo como el anterior, el que ganó el equipo blanco al Huesca, farolillo rojo de la clasificación, en el último suspiro. Porque los tres partidos que Zidane ha dirigido desde el banquillo en el inicio de su segunda temporada han sido muy mediocres, con la misma o parecida abulia y dejadez que caracterizó la mayoría de encuentros dirigidos por Solari y, antes que él, por Lopetegui. Porque, y aquí está el quid de la cuestión, no es un problema de entrenador, como no lo es nunca en la mayoría de los casos, sino de jugadores. Lopetegui erró en momentos clave y le vino muy grande la situación pero, de haber seguido en el equipo, Zidane también se habría estrellado, como luego lo hizo Solari, que también se equivocó en momentos puntuales. El efecto ilusionante que produjo Zidane limitaba al norte con una temporada, la actual, que era irrecuperable; a Zinedine Zidane no se le trajo para ganar esta Liga sino para luchar por la próxima, eso es así.

¿Qué esperábais? ¿Qué esperábamos? ¿Esperábais y esperábamos que futbolistas que han carecido de tono competitivo durante siete meses lo recuperaran en dos? ¿Esperábais y esperábamos que jugadores que se dejaron ir en una semana negra de la Liga, de la Copa y de la Champions dieran un golpe encima de la mesa en Mestalla y ganaran 4-0? ¿Para qué? ¿Para acabar segundos? Lo normal es que el Valencia ganara al Real Madrid porque, incluso a un Real Madrid competitivo, le puede suceder que pierda en un campo como Mestalla. No creo que un 4-0 anoche a favor del Real Madrid variara lo más mínimo los planes que el club y Zidane tengan previstos para el próximo curso futbolístico. El partido de Mestalla no me dice nada que no supiera; la temporada, sin embargo, habla por los codos. La temporada dice que la planificación no fue correcta, que hubo excesiva complacencia, que dejando marchar al máximo goleador histórico del club no se buscó una opción razonable para suplir su baja y que se confió en jugadores que no han dado la talla. De lo que nos habla la temporada del Real Madrid en definitiva es de un fin de ciclo de manual, que, debido a su grandeza, los enemigos del vigente campeón europeo y mundial quieren transformar en un cierre definitivo por defunción. No lo es, el Real Madrid volverá y lo hará, ya lo comprobaréis, más fuerte aún.

Mestalla no me dice nada que no supiera y el Real Madrid no iba a hacer más grande su historia ganando por la mínima o empatando un partido irrelevante ante un equipo que se estaba jugando la vida. Pero, sorprendentemente, el partido de Valencia se ha vendido como clave para tomar decisiones pensando en la temporada que viene. Este Real Madrid, que ha sido incapaz de sostenerle la mirada a ningún equipo serio a lo largo de la temporada, viene sin embargo de ganar tres Copas de Europa consecutivas, tres. Los mismos jugadores, los mismos, con la excepción de Cristiano, han sido actores principales de la segunda etapa dorada del mejor club deportivo de la historia. De Zidane no se espera que resucite un cadáver sino que acierte con los fichajes, que deberán ser muchos y buenos, y que la próxima temporada compita hasta el final y que gane en Mestalla cuando los tres puntos sirvan para conquistar una Liga y no para luchar por el subcampeonato. Fin de ciclo. Ni es nuevo, ni es la primera vez que pasa y volverá a suceder en el futuro. Fin de ciclo, nada más.

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