El penúltimo raulista vivo

Federer y el deroombing

El 3 de julio, la famosa cadena NH dejará que treinta personas, elegidas a través de un riguroso casting psicológico, destrocen el hotel que tienen sito en la madrileña calle de Alcalá. Diez habitaciones y parte de la recepción a su entera disposición para arrancar cortinas, machacar mesillas de noche, taladrar camas, estrellar televisiones contra la pared, reventar váteres o partir sillas por la mitad. Durante cinco minutos estará todo permitido salvo tirar abajo los tabiques puesto que se pretenden conservar las viejas estructuras. La nueva moda se llama deroombing y los especialistas dicen que relaja un montón. Tampoco me sorprendería demasiado ver a Roger Federer, con gafas de sol y el cuello vuelto de la gabardina para impedir que le reconocieran, apuntado en esa curiosa lista de candidatos al destrozo total.

El pasado domingo, por primera vez, vi al suizo realmente estresado y preocupado, nervioso, fuera de sí, haciendo gestos impropios en él. Fruto de esa ansiedad fueron, precisamente, los cerca de sesenta errores no forzados que cometió, una cifra tan rara como su comportamiento sobre la pista. A Federer, que gesticula menos aún de lo que solía hacer Pete Sampras, que era un mimo, y es tan caballero como él, acabó por desquiciarle ese tenis racial y constante que practica Rafa Nadal. A nuestro héroe no le hace falta el deroombing, él tiene suficiente con secarse los brazos entre punto y punto, alinear perfectamente las botellas de agua entre juego y juego y, de vez en cuando, colocarse exactamente al mismo nivel los calcetines. Federer, por el contrario, no tiene ningún tic visible, carece aparentemente de manías, de ahí que podamos encontrárnosle perfectamente entre los elegidos por el hotel para la gloria del destripamiento de sofás.

Nadal acaba de conquistar –porque con el público francés haciendo de las suyas se trata de una conquista más que de una simple victoria– su tercer Roland Garros consecutivo y sólo tiene 21 añitos. Tras la final de Hamburgo, Bjorn Borg dijo que él veía favorito a Federer. El sueco ha cambiado pronto de opinión y ahora afirma que Nadal puede superar su record de seis victorias en la tierra batida de París. Tal y como vi el domingo a Federer, diez habitaciones se me antojan pocas. No sé si NH tendrá suficientes hoteles a lo largo y ancho de todo el mundo para contener tanto estrés acumulado. Mientras, Nadal preparará tranquilamente en Queen’s su nuevo asalto a la hierba de Wimbledon. Ahí sí parece que Federer es imbatible, aunque no tengo la impresión de que el español esté dispuesto a dar absolutamente nada por hecho.

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