El penúltimo raulista vivo

Federer en su año malo

De la grandeza de Roger Federer nos podrá ofrecer una idea bastante aproximada lo que los especialistas han acordado definir como su peor temporada: finalista de Roland Garros y de Wimbledon y ganador por quinto año consecutivo -¡quinto!- del US Open. Seguro que entre los veinte primeros clasificados del ranking de la ATP hay en este momento tenistas que nunca en su vida ganarán un torneo del Grand Slam, y del décimo hacia arriba, exceptuando a los dos o tres que todos sabemos, habría al menos otros cinco que firmarían ahora mismo tener alguna vez a lo largo de toda su carrera deportiva esa temporada tan desastrosa que ha tenido Federer. Estoy plenamente convencido de que el número dos mundial respiró aliviado en cuanto Murray eliminó a Nadal en semifinales, y eso aún a sabiendas de que el español se encontraba mal físicamente, pero tampoco sabremos nunca si Rafa habría vencido a Roger en Wimbledon de la forma en que lo hizo si el suizo no hubiera estado igualmente agotado entonces, como el otro día le pasó a Nadal en su partido contra el escocés.

Sin la presión psicológica de tener que volverle a ver la cara a su amigo Nadal en otra final, Federer volvió a jugar su mejor tenis ante Murray, de quien todos han resaltado que se encuentra sin duda en el mejor año deportivo de toda su vida. Así, Federer, que está según todo el mundo en su peor temporada, se deshizo de Murray, que está en la mejor, por 6-2, 7-5 y 6-2 en poco más de dos horas de partido, que es más o menos el mismo marcador que habría obtenido a buen seguro Nadal en las semifinales si no hubiera sido porque Rafa estaba entonces roto, que es por otro lado exactamente lo mismo que le sucedió a Federer en Wimbledon (de Roland Garros no hablo porque esa fue una historia bien distinta). Yo albergaba pocas dudas, por no decir que ninguna, acerca de esta cuestión pero del Abierto estadounidense se desprende una conclusión clara: Roger Federer no sólo no ha abandonado el tenis en activo sino que tiene el objetivo claro de superar el récord de Pete Sampras.

Cuando alguien dice que el tenis de Nadal es "físico", supongo que en clara contraposición al de Federer que deberá ser necesariamente más técnico según esa exposición, no puedo por menos que esbozar una sonrisa. Es algo parecido a cuando alguien define una película como "lenta", imagino que en contraposición a las de tiros, coches, chicas guapas y trajes espaciales que protagoniza Vin Diesel. A estos niveles, todo el tenis es físico y, después de físico, es técnico o simplemente no es. Te podrás ganar muy bien la vida siendo un "bombardero", pero para convertirte en un Nadal o en un Federer tienes que añadirle un plus de técnica que sólo está al alcance de unos pocos elegidos: en la actualidad probablemente sólo estén en esa batalla tres jugadores, los dos citados y Djokovic. Pero, por encima de la preparación física y del trabajo técnico, está la cabeza, la loca de la casa que lo arma o lo desarma todo por completo.
 
Tienes que tener un cerebro muy bien amueblado para ser Federer y levantarte cada mañana con la única intención de competir contra tu propio mito cuando, para más inri, resulta que ya te has convertido en uno de los dos o tres mejores jugadores de toda la historia: Mats Wilander, por ejemplo, no pudo soportarlo, pero Roger Federer lo hará y superará el récord de catorce torneos del Grand Slam ganados por Pete Sampras. Un cotilleo, desvelado curiosamente por Jaime Lissavetzky, me hace estar absolutamente seguro de lo que digo: tras la final de Wimbledon, el secretario de lo que nos queda de Estado para lo que nos queda de Deporte entró en el vestuario de los jugadores y, según su propia confesión, se encontró a Federer llorando a lágrima tendida; aquel hombre había ganado allí cinco veces seguidas y, sin embargo, estaba roto por el dolor de haber perdido su primer partido en los últimos seis años. Federer no es el número uno pero quiere volver a serlo, y de su ambición nos aprovecharemos sin duda todos los aficionados al tenis. El otro día dije que Federer hacía mejor tenista a Nadal. Parece que al revés también funciona.
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