El penúltimo raulista vivo

Ética y estética

Por si no se desprendiera suficientemente de mis artículos, confieso que yo a Joan Laporta no le tengo ningún cariño. No me gusta él ni tampoco me gusta lo que representa, no acepto en qué trata de convertir España y, por extensión, al Fútbol Club Barcelona, convertido, como digo desde hace tiempo, en plataforma deportiva para intereses políticos. Carod Rovira estaría también en esa lista de personal al que no mandaré una felicitación navideña, pero como él no preside ningún club de fútbol tampoco le dedico mucho tiempo, sólo el justo y necesario para constatar lo anormal del comportamiento de un tipo nacido en Tarragona que va pidiendo por ahí que boicoteen la candidatura olímpica de la capital de España. Albert Boadella, saturado y cansado según propia confesión, tuvo que largarse de su tierra por situaciones similares a estas, y el otro día no tuvo rubor en afirmar en Al Sur de la Semana que "en Madrid no se levantan pensando qué putada hacer a los catalanes".

Pero, dejando a un lado el mucho o poco cariño que se tenga por alguien, no conozco a ningún periodista que se inventara una información con objeto de perjudicar a alguien por quien no tiene simpatía. La noticia que destapó mi compañero Tomeu Maura, y por la cual quiero felicitarle desde aquí, es cierta desde la primera hasta la última línea. El Mundo no dice en ningún momento que la participación como comisionista de Joan Laporta en la venta de un club de Primera División que no es el que él preside a una empresa uzbeca sea ilegal, y además creo que presta mucha atención al dejar el aspecto ético al margen de todo esto. Transcurridas cuarenta y ocho horas desde el momento de su publicación, la información, como no podía ser menos viniendo de quien viene, ha sido confirmada por el propio Laporta, quien, como tampoco podía ser menos, ha deslizado un comentario acerca de lo poco que le quieren el medio "nacional" que publicó la noticia y aquellos que se hicieron eco de la misma.

Seguro que todo lo que ha hecho Laporta es legal, seguro. Para eso es abogado, y de éxito además. Pero, ¿resulta ético que el bufete del presidente del Fútbol Club Barcelona se pringue en la venta del Mallorca por una comisión de 4,2 millones de euros?... Si, además de ser absolutamente legal, todos fuéramos a tener la impresión, una vez publicada la noticia, de que no existe ninguna duda acerca de que la ética no queda seriamente dañada, seguro que Tomeu Maura no habría publicado la información. Si fuera profundamente legal y sólidamente ético que, por poner dos ejemplos ficticios, el presidente del Real Madrid ejerciera de comisionista en la venta del Racing de Santander a una empresa afincada en Túnez y que el presidente del Sevilla participara directa y personalmente en la venta del Valladolid a otra empresa localizada en Kuala Lumpur, nadie se sorprendería por lo desvelado en El Mundo. El caso es que la gente duda, y yo creo que hace bien en dudar. El cariño o su ausencia no tienen nada que ver en el caso que nos ocupa. Laporta lo sabe, pero mientras tanto desvía la atención. Nada nuevo bajo el sol.
A continuación