El penúltimo raulista vivo

Esto no es el ajedrez

Parece que se prepara una buena en el Ali Sami Yen. La federación turca podría haber elegido el Estadio Olímpico Atatürk, con una capacidad para 75.000 espectadores y una bonita pista de atletismo que separa aún más si cabe a los aficionados de los jugadores, y sin embargo se llevó el partido al campo del Galatasaray, mucho más pequeño y sin pista que despiste a los ultras. A los turcos no es necesario encenderles demasiado porque ya salen excitadísimos de sus casas, pero, por si la motivación natural no fuera suficiente, la televisión de aquel país acaba de estrenar un vídeo promocional de la marca deportiva que viste a su selección y cuyo lema es Sin piedad. Ya les digo de antemano que Bambi brilla por su ausencia, y que allí salen alacranes, una pantera, un doberman, un tiburón blanco y alguna que otra serpiente cuya especie no he sido capaz de catalogar pero que da mucho miedo.
 
Parece que tampoco fue interpretado como un signo de amistad el hecho de que un sector del público asistente al partido del estadio Santiago Bernabéu pitara el himno nacional turco, de forma que nuestros amigos otomanos han recuperado la historia de Franco Gemma, el niño que en 1954 sacó un papelito que clasificó a los turcos para el Mundial en detrimento de España. Aquello, para qué nos vamos a engañar, huele a encerrona pura y dura, encerrona a la vieja usanza, pero, tal y como dijo Pablo Alfaro tras fracturarle la nariz a Aguilera durante un partido entre el Sevilla y el Atlético de Madrid, "esto no es el ajedrez". No lo ha sido nunca. Esperemos que la sangre no llegue al río como sí acabó llegando el 30 de noviembre de 1977; en aquella ocasión España ganó a Yugoslavia por 0-1 en Belgrado, resultado que además nos clasificaba para el Mundial que se jugaría en Argentina un año después.
 
El famoso partido del botellazo a Juanito y la agresión de Kustodic, que para más inri jugaba en el Hércules de Alicante y era delantero, a Pirri nada más comenzar el partido tuvo su continuación después en el túnel de vestuarios. Dos jugadores del equipo rival quisieron agredir a Cardeñosa, que no se definía precisamente por ser un futbolista polémico, pero entonces irrumpió Tarzán Migueli y tumbó a uno de un puñetazo. Todavía resuenan por aquellos pasillos los gritos del defensa del Barcelona: "¡Ahora corre, que los demás nos matan!". Julio Cardeñosa dice que aquel fue sin lugar a dudas el encuentro más terrible que jugó jamás en su vida. Un gol de Rubén Cano con la espinilla nos clasificó para Argentina 78 y, una vez allí, hicimos el ridículo y la concentración de La Martona se convirtió en una auténtica guerra civil. Las cosas han cambiado para bien desde entonces y ahora van a ser necesarios más tiburones y más panteras para ganar a los nuestros jugando al fútbol. Porque esto, efectivamente, no es el ajedrez. Pero, que yo sepa, se sigue jugando con los pies.
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