El penúltimo raulista vivo

Esperando a Ramos

Coincidiendo casi en el tiempo con el quinto aniversario del gol de Ramos en Lisboa, el del minuto 92 y 48 segundos que supuso en ese momento el agónico empate a un gol con el Atlético de Madrid, la posterior prórroga, el 4-1 definitivo tras los goles de Bale, Marcelo y Cristiano y la consecución de La Décima, se ha filtrado que el capitán del Real Madrid no está feliz, que se encuentra desgastado, que no sabe de dónde sacar más fuerzas para encontrar de nuevo la ilusión y que no promete nada, ni mucho menos asegura su continuidad en el club blanco. Las dudas existenciales de Ramos han sido desmentidas por el club a Libertad Digital y EsRadio, que ha confirmado además que llevan un año largo negociando con el futbolista para ampliar su contrato, que finalizaría en 2021, con Sergio más cerca de los 40 que de los 30. Seguro que mi amigo Ilie Oleart, que desenfunda la calculadora más rápido que Billy el niño su colt 41, nos acribillaría a todos con una dosis de sentido común y concluiría que Ramos está amortizado y que viajar con él más allá del año 21 del siglo XXI es una majadería y supondría un riesgo innecesario, pero en el fútbol, como sucede muchas veces en la vida, el corazón tiene razones que la razón no entiende, y es posible que el club crea que a Ramos le deben una.

El Real Madrid ha negado a este periódico la tirantez con Ramos pero, en la era de Twitter, Instagram, Facebook, Snapchat o Youtube, ni el futbolista ni su entorno profesional, que comparte con él apellidos, han dicho esta boca es mía. Si Sergio, cuya última aparición en sus redes sociales data de ayer mismo, entrenando con inusitada fiereza portando un bidón lleno de agua a modo de improvisada pesa, hubiera querido decirnos algo, ya lo habría hecho, pero no, no lo ha hecho, quién sabe si en homenaje al Perich, que decía aquello de que en muchas empresas el silencio no era oro sino un sobre. Ramos calla, lo que no quiere decir que otorgue, y el club emite un reportaje en el que se ve al capitán afirmando que él quiere seguir, lo que no quiere decir que vaya a hacerlo. Si nada de esto es cierto no merece la pena que yo siga escribiendo ni que usted continúe leyendo; si Ramos no está triste, ¿a santo de qué hacerlo? Si Sergio está feliz, felices estaremos los demás con su merecida dicha. Pero de existir un gramo de verdad, sólo uno, en todo lo que Juanfe Sanz, que suele estar muy bien informado, comentó el jueves por la noche en El Chiringuito, a Ramos hay que darle las gracias y sugerirle que cambie de aires, que vuele del nido, que se vaya a los Estados Unidos, a la China popular o, quién sabe, a la Juve con CR7.

Este pulso está aún por comprobar, el de 2015 no. En 2015, un año después del 2014 de La Décima, Sergio ya blandió una oferta, en aquella ocasión la del United, con la que hizo temblar los cimientos de un club fundado en 1902. Roto por el dolor y con el corazón destrozado, yo ya escribí por aquí entonces que el Real Madrid Club de Fútbol no podía ceder al chantaje... pero lo hizo. El Madrid cedió y, con Ramos como capitán y en el centro de la defensa, se lograron La Undécima, La Decimosegunda y La Decimotercera. Han sido cinco años gloriosos, cinco años verdaderamente antológicos, y Sergio colaboró a forjarlos, pero el Real Madrid, que no es el Barcelona, no puede ceder, no puede entregar hipotéticamente hablando las llaves del club a ningún jugador, a ninguno. Tampoco a él. Es biología: tengo para mí que Sergio Ramos, que se cuida como ningún otro, ya ha entregado sin embargo sus mejores años a la causa merengue. Y es sociología: no sé qué carajo pasa con aquellos jugadores que se tiran más de una década en ese vestuario y que acaban creyéndose de verdad que son los propietarios del club. No lo son, no lo sois, no lo eres. Harto de buscar un mensaje oculto en el famoso bidón, émulo de esos fans de Juego de Tronos que tratan de resolver el final de la octava temporada en el póster de la primera, espero un guiño de Sergio, un gesto, un suspiro... pero no se producen, no llegan, no hay suspiro, ni gesto, ni guiño. De existir el pulso por debajo de la mesa y de ceder a él por segunda vez Florentino Pérez, el Real Madrid habrá perdido mucho más que una Liga o una Champions, habrá perdido el control. Y, llegados a ese punto, se parecerá más al Barcelona y menos a sí mismo. Seguimos esperando a Ramos.

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