El penúltimo raulista vivo

Eso tampoco lo hará José Mourinho

Y a estas horas Guardiola sigue sin responder aún a Vilanova. La pelota permanece desde el otro día en el tejado del entrenador del Bayern sin que nadie se haya atrevido a patearla. Es cierto que, fruto de la ofuscación y de insultos cruzados, Mourinho le metió el dedo en el ojo al entrenador culé cuando éste era ayudante de Pep pero lo que hizo el otro día Guardiola con su hermano del alma exhibiendo el cáncer de Tito y colocándolo sobre la mesa del debate es de una desfachatez que clama al cielo, uno de esos tropezones históricos que se le recordarán a Guardiola hasta el final de su carrera profesional. Porque al fin y al cabo Mourinho no era amigo de Vilanova ni compartía nada con él pero Pep... Pep vivía a dos manzanas del hospital donde estaba ingresado Vilanova y en dos meses no fue capaz de visitarle.

Desde que Vilanova puso punto final a la discusión con Pep (porque no creo que Guardiola se atreva a meter baza de nuevo) se han comentado un montón de cosas y han comenzado a circular rumores acerca de las relaciones rotas entre ambos por unos u otros motivos. La precuela de lo sucedido el otro día se encuentra sin duda alguna en el día de la rueda de prensa que sirvió para anunciar la marcha de Pep del Barcelona: la cara que puso éste cuando Zubizarreta anunció por lo bajinis que Vilanova sería su sustituto dejó entrever que la guerra había comenzado. Porque con su decisión, no compartida oficialmente con Guardiola por su segundo, Rosell también dejaba claro que el entrenador no era lo más importante y que el equipo podía seguir ganando con otro novato en el banquillo.

¿Quién traicionó más?... Al peso, sin duda Guardiola. Es cierto que Pep recomendó su candidatura de aquella manera y creyendo que Vilanova diría que no, y es verdad que el modo de oficializarla fue "made in Rosell", sin mucho tacto. Pero a la traicioncilla de Vilanova respondió Guardiola con la gran traición y quebrando una amistad, ahora comprobamos que tampoco excesivamente sólida y rocosa, que al parecer duraba ya cerca de treinta años. Thiago es un fenomenal jugador que le vendrá muy bien a un equipo que Heynckes logró convertir en campeón de Europa y de la Bundesliga pero me resulta imposible desvincular su fichaje del rencor que Guardiola parece conservar más fresco que una lechuga hacia la actual junta directiva. Por cierto que Pep, el hombre que no tocaría a ningún futbolista azulgrana, también quiso llevarse a Busquets y Rosell tuvo que atarle deprisa y corriendo. Eso tampoco lo hará José Mourinho.

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