El penúltimo raulista vivo

Ese chupón

Cristiano era un chulo que venía dispuesto a echarle el cierre todos los días a Joy Eslava, La posada de las ánimas y Fabrik; Pepe era un asesino, un loco de atar que debía ser expulsado de inmediato de España al objeto de preservar los eternos valores que los antimadridistas afirman que tiene que proteger el Real Madrid; Varane era una moneda al aire, el capricho de Zidane, un chico que podía salir rana; Coentrao, como en su día Di María, aunque ahora pueda parecer imposible con lo que luego le lloraron, era un don nadie; ¿Khedira?... ¡menudo paquete!; Arbeloa era, es y será un cono, y si España y el Madrid han ganado lo que han ganado ha sido pese a él y, en el caso de la selección, gracias a Xavi, off course; James, como todo el mundo informado de Twitter sabe bien, vino para allanar los negocios presidenciales en Colombia.

Modric era un bluff, un desconocido, un jugador lamentable y sensacional al mismo tiempo, otro invento del depravado Mourinho, un paquete a quien Song, un verdadero futbolista, un hombre de pelo en pecho, pasaría inevitablemente por la izquierda; Benzema no sería capaz de despegar, tenía la sangre de horchata, un ciclotímico que acabaría irremediablemente en el PSG; Ramos se creía Beckenbauer; Keylor también venía para hacer negocietes en Costa Rica; y Bale... Gareth Bale, que ahora mismo es un chupón, primero no valía lo que el Madrid pagaba por él (lo mismo que decían con el fichaje de Cristiano), luego estaba lesionado, después no se integraba y, casi al final, no comprendía el complejo mecanismo de un juego que, pese a que pueda parecer paradójico, sí era sin embargo capaz de interpretar a las mil maravillas desde su despacho el conocido pope del periodismo deportivo español y a la vez furibundo seguidor del Athletic Club de Bilbao Santiago Segurola.

El chupón que marcó el gol decisivo de la final de Copa, un gol que, cuando estemos todos en el otro barrio, seguirá siendo sin duda alguna recordado por nuestros herederos como uno de los más bellos y más importantes de la historia del Real Madrid. El chupón que marcó el gol que sentenció al Atleti en la final de la Champions. El chupón que cerró el Mundial de clubes. El chupón que fue elegido mejor jugador de la Premier en 2011 y 2013. El chupón que la temporada pasada marcó 22 goles y dio 17 asistencias. El chupón que esta temporada ya ha marcado 11 goles y ha dado 5 asistencias. El chupón al que ahora conviene hacer la vida imposible para ver si se aburre y se larga con viento fresco. El chupón que, si se fuera, que no se irá, sería inmediatamente añorado por todos como sucedió con Özil. Sí, ese chupón.

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