El penúltimo raulista vivo

Es la hora de Bale

A mí que Ancelotti diga que la baja de Cristiano Ronaldo en la final motiva más a todos me suena a chino. Cristiano es el jefe de ese equipo, el jugador franquicia, la estrella. Y sin Cristiano el Madrid no parte sinceramente como favorito en una final contra el Barça, equipo que históricamente ha redoblado siempre sus esfuerzos y ha jugado con el cuchillo entre los dientes cuando de vencer al Real se ha tratado. Es cierto: una victoria sobre los merengues puntúa doble para el equipo catalán, y los de Martino andan ahora mismo necesitados de puntuar doble y hasta triple si les dejan. Para el Barcelona vencer al Real Madrid en una final tiene un valor simbólico adicional al estrictamente deportivo. Del mismo modo, la ausencia de Cristiano tiene un valor simbólico negativo para los madridistas. También es verdad que sin él el Madrid ha ganado e incluso goleado, pero no al Barça ni mucho menos en una final.

Las finales suelen decidirlas los grandes jugadores: Cristiano en el Real Madrid y Messi en el Barcelona. Hasta última hora yo estaba convencido de que el portugués se plantaría en la final "a lo Martín". Cuentan que, lesionado Fernando y vapuleado el Madrid por el Barça en el primer partido del play-off de la Liga 1988-89 disputado en el Palau, el ambiente que se vivía en la concentración madridista era de tanto pesimismo que incluso Petrovic, que era un ganador, le había confesado al doctor Del Corral que sin Martín no había nada que hacer. Aíto García Reneses había definido al pivot madrileño como ese jugador sin el cual el Madrid pierde por 25 puntos. Estaban todos en el comedor del hotel Calderón esperando en silencio el primer plato cuando, de repente, Fernando apareció por la puerta y dijo en voz alta: "¡Pringaos, yo no me levanto de la cama para perder!"... Resulta que el jugador, sin que nadie del club lo supiera y sin tener por supuesto el alta médica, había cogido el Puente Aéreo y viajado en secreto hasta la ciudad condal.

Cristiano es un poco Fernando. Ya no quedan deportistas como él. El portugués viajará, sí, pero no para irrumpir por sorpresa en el hotel y gritarles a sus compañeros eso de "¡Pringaos, yo no me levanto de la cama para perder!" sino para ocupar su asiento en la grada junto al resto de caídos por la patria. Para Messi, que en la cuestión mental no se parece al portugués ni por el forro, el partido es fundamental porque justifica en parte una mala temporada. Porque, a todo esto, la Copa podría convertirse perfectamente en el único título que ganen los dos grandes mastodontes del fútbol español. Por eso a mí me suena a chino cuando Ancelotti dice que la ausencia de Cristiano motiva a los demás. La ausencia de Cristiano es, se mire por donde se mire, una soberana faena que ojalá no acabe resultando fatal. Sin él sobre el campo... es la hora de Bale, otro que a Dios gracias ya salió motivado de la fábrica de Cardiff.

A continuación