El penúltimo raulista vivo

Es el símbolo, estúpidos independentistas

En las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos de 1992, George W. Bush partía con una amplísima ventaja sobre el candidato demócrata, que era Bill Clinton. La popularidad de Bush padre había alcanzado un 90% gracias a la Guerra del Golfo, de modo que era considerado poco menos que imbatible. Sin embargo, el jefe de la campaña de Clinton, James Carville, le dio la vuelta a la tortilla insistiendo en tres puntos: el primero, cambio versus lo mismo; el segundo, no olvidar el sistema de salud; y el tercero y más famoso, "la economía, estúpido". Este último punto triunfó como eslógan a nivel mundial y hoy lo hemos oído aplicado a todo: a la economía, por supuesto, "es la economía, estúpido", pero también al déficit, "es el déficit, estúpido", a las matemáticas, "son las matemáticas, estúpido" o a cualquier cosa sobre la que se quiera incidir, yendo al grano de la cuestión.

Ayer me levanté oyendo o leyendo que España era el país en el que se prohibían los colores, en concreto uno, un color, el color amarillo. Resulta que la policía, yo creo que con un criterio acertadísimo, impidió que el sábado accedieran al estadio Metropolitano a presenciar la final de Copa aquellos seguidores del Barça que llevaran camisetas amarillas o algún tipo de prenda de dicho color. Pero no es el color, claro, sino lo que éste simboliza. Es el símbolo, estúpidos independentistas. Es lo que habéis conseguido que simbolice el color amarillo, vinculado a vuestras veleidades y a vuestras locuras. Así que no es el color amarillo sino lo que para vosotros simboliza el amarillo y lo que representa también para nosotros, los que no queremos la destrucción de España.

Pongamos por caso una cruz con los cuatro brazos iguales cuyos extremos se doblan en ángulo recto en la misma dirección. No es la esvástica sino lo que simboliza, estúpidos independentistas. La esvástica no es buena o mala en sí misma pero para millones de personas en todo el mundo simboliza una ideología demoníaca y criminal que acabó con la vida de al menos siete millones de personas. Si la policía impide que alguien acceda a un terreno de juego exhibiendo una esvástica será absurdo concluir que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado tienen algo en contra de las cruces que tienen los cuatro brazos iguales y cuyos extremos se doblan en un ángulo recto en la misma dirección. No es la cruz, es lo que simboliza: es el símbolo, estúpidos independentistas.

Muerto el perro del amarillo se acabó la rabia y el odio que podía generar dentro del campo. Y, aunque hubo pitos contra el himno nacional y se insultó al Rey, los cánticos de la afición sevillista ahogaron la estridencia independentista. Y luego pasó lo que pasó. Y lo que pasó es que el Barça pasó, valga la redundancia, por encima del Sevilla. Pero, aunque el akelarre fracasase (o, por mejor decir, no triunfase como en ocasiones precedentes), y siguiendo con los símbolos, es imposible dejar de pensar en que el Barça se ha ganado a pulso, con sus actos, simbolizar el antiespañolismo por todo el mundo. Decía Erich Fromm que todos los mitos y todos los sueños tienen algo en común, y es que todos ellos son escritos con el mismo idioma, el lenguaje simbólico. De forma que, estúpidos independentistas, no fue el amarillo lo que la policía impidó que el sábado accediera al Metropolitano sino el símbolo de aquellos que persiguen la destrucción de la nación española. Bien hecho, por cierto.

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