El penúltimo raulista vivo

Éramos pocos y parió Urkullu

El cariz que están adquiriendo los acontecimientos en Bilbao tras el anuncio de no renovación por parte de Llorente y el interés del Bayern por Martínez y de Martínez por largarse al Bayern (porque 40 millones de euros no compran la voluntad de un futbolista) es de auténtico chantaje social, institucional y, ahora, también político. De las pintadas de cuatro pelagatos y los gritos de cinco mondaperros poco más hay que decir salvo que los nueve, tanto los dos los gatos como los de los perros, instalaron cómodamente su chiringuito coercitivo sin que Urrutia, tan beligerante en otras ocasiones, dijera "esta boca es mía". No se me ocurre cómo podrían empeorar las cosas. O sí: pongamos por ejemplo que, ante la inacción por parte del Athletic, a Llorente se le ocurre pedir seguridad privada.

Por cierto que tampoco dijo "aquí estoy yo" el profesor Bielsa, ese hombre capaz de agarrar a un empleado por el cuello porque no le ha colocado una pista de atletismo donde él dijo y luego montar el show de la autodenuncia e incapaz de poner sin embargo en su sitio a los pandilleros que fueron a escupirle a la cara a los jugadores "¡españoles hijos de puta!"... ¿A que todos tenemos bastante claro cómo habría actuado Mourinho, el hombre vilipendiado por el buenismo periodístico deportivo español?... Llegados a este punto aprovecharé también para decir que ya resulta imposible contener con un dique la opinión generalizada de que no todo era tan idílico en el equipo la temporada pasada y que si Llorente y Martínez se quieren ir es porque no soportan a don Marcelo; y añadiré que en la calle se rumorea que estos dos jugadores no son los únicos que están de uñas con el filósofo argentino.

Pero cuando la presión negociadora, las pintadas en los cristales y las amenazas verbales no funcionan... siempre sale al rescate el PNV. Quiero decir que después de escuchar a Azkuna y a Urkullu uno no tiene la menor duda de por qué necesita ser rescatada moralmente España. Parece como si hubieran mandado al blandito por delante y luego vayan endureciendo el nivel de las apariciones: el alcalde de Bilbao, el presidente del partido... ¿Quién será el próximo? ¿Arzallus?... ¿Y el siguiente?... Lo bueno del caso, si es que algo bueno puede extraerse de esta lamentable y penosa situación, es que aquí está quedando nítidamente retratado todo el mundo. Y por supuesto que al club o a la sociedad bilbaina no puede enjuiciársela por cuatro borregos, pero tampoco sale nadie a decir "¡basta ya!"... Los chicos deben estar pasándolo mal. Y auguro que peor lo van a pasar.

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