El penúltimo raulista vivo

Entre el tormento y el éxtasis

En el diario Marca preguntan a Toni Frieros, del Sport, y a Joan Poquí, de El Mundo Deportivo, qué les gustaría a ellos que pasase esta noche si la situación actual –es decir, el Real Madrid ya clasificado para octavos de final de la Champions y el Barcelona luchando a vida o muerte para obtenerla– fuera justo al revés. Uno miente y el otro dice la verdad. Frieros miente cuando dice que él no desearía el mal madridista. Poquí sí dice la verdad, y confiesa lo siguiente: "cualquier culé les querría fuera". A todo esto, al madridismo cabría aplicarle el título de aquella soberbia película dirigida por el británico Carol Reed, El tormento y el éxtasis se llamaba, en la que nos contaban las tremendas peripecias por las que tuvo que atravesar el gran Miguel Angel Buonarroti a la hora de pintar la Capilla Sixtina. El merengue medio oscila ahora mismo entre el tormento de ver clasificado a su eterno rival y el éxtasis que supondría presenciar cómo cae eliminado a las primeras de cambio.

La Liga española tiene tres representantes en la Champions League. Uno de ellos, por cierto, está presidido por alguien que, no hace tampoco demasiado tiempo, afirmaba con contundencia lo siguiente: "España tiene una oportunidad histórica para encajar a Cataluña dentro del Estado". Eso sin olvidar hechos como el show reivindicativo de los Paises Catalanes, con mapa incluido, a su pesar, de Baleares y Valencia, o la tristemente famosa realización de TV 3 regodeándose en el cartelito de "Catalonia is not Spain". Tampoco creo que sea necesario recordar ahora lo dicho (y sobre todo lo escrito) por el futbolista nacionalista Oleguer Presas. No es de extrañar, pues, que, con personajes tan profundamente sectarios, muchos aficionados, incluidos desde luego bastantes seguidores culés de ringo rango, se sientan estafados por la instrumentalización política a la que se ve sometido, un día sí y otro también, el club de fútbol de sus amores.

Al final del partido, en cualquier caso, se descorcharán botellas de champagne, eso seguro. Siendo realistas, a los madridistas les interesaría que se clasificara el Barça. El equipo de Frank Rijkaard puede ser temible si sólo ha de centrarse en una competición. Pero váyanle ustedes a un merengón con ese cuento de la lecherita culé. Tampoco albergo demasiadas dudas al respecto de que la eliminación barcelonista, en caso de producirse ésta, sería vendida inmediatamente por la propaganda oficial madridista como un signo evidente de que las cosas se están haciendo magníficamente bien. Lo que supondría, todo sea dicho de paso, hacerlas rematadamente mal, por supuesto.

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