El penúltimo raulista vivo

Enemigos de Casillas

El otro día me crucé por mi barrio con una pareja de ancianitos. Él le dijo a ella, bien alto para que yo lo oyera, "mira, Carmela, por ahí va el enemigo de Casillas"... ¡Ay, Carmela, Carmela, Carmela!... ¿Enemigo de Casillas yo? ¿Qué habrá entendido de todo lo que he escrito y dicho el marido de Carmela? Es más: ¿Cómo es posible que Carmela, que tenía pinta de ser una mujer inteligente, no rebatiera tan injustísima opinión de su marido?... Yo no soy enemigo de Iker, más bien al contrario. Creo que en su balanza personal ha dado infinitamente mucho más al Real Madrid de lo que le ha quitado. Pienso, eso sí, que en momentos concretos, y con Mourinho en el banquillo, no se comportó como un buen capitán.

Sostengo que el entrenador tiene la última palabra en cuanto a las alineaciones y los cambios. Por no dar, ni siquiera he dado mi opinión estrictamente deportiva sobre él y Diego López. Sufrí cuando encajó el gol en la final de la Champions porque sabía que, en caso de derrota final madridista, aquello acabaría con su carrera en el club; y no dije nada tras el 5-1 ante Holanda porque me parece que responsabilizar a un jugador solo de una derrota así es injusto. Y mantengo que cuando uno quiere irse de un sitio se va y que si uno piensa que es el mejor... lo demuestra en los entrenamientos y sobre el terreno de juego. ¿Enemigo de Casillas?... Enemigos de Casillas son aquellos que le doran la píldora, le comen el coco y le pasan la mano por el lomo. Cuando Iker cuelgue las botas todos ellos desaparecerán.

Los enemigos de Casillas le elevan a los altares y proclaman su santidad después de una parada tras disparo de Sneijder al muñeco. Los enemigos de Casillas achacan el mal partido del viernes a la poca portería que ha tenido este año con Ancelotti. Sus enemigos, los que le halagan por motivos espurios, son aquellos que cada vez que falla se acuerdan de José Mourinho, que ya no está y tan sólo unos pocos seguimos esperándole. Esos y no otros son los enemigos, y mortales además, de Iker Casillas, los que le mantienen dentro de una burbuja mourinhista para justificar sus fallos, que también los tiene. Si, en vez de hacer tanto caso a sus enemigos disfrazados de colegas, hubiera prestado más atención a Mourinho, ni él estaría en el ojo del huracán ni yo tendría que explicarle a Carmela que el amigo de todo el mundo no es un amigo y que los amigos de Iker son, en el fondo, sus mayores enemigos. Pero iba con prisa.

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