El penúltimo raulista vivo

Enemigo público número 7

Raro, raro, raro. Extraño, muy extraño. Supongo que acusar a un delantero de ser el peor enemigo de su equipo por haber cometido la felonía de marcar 309 goles, superando a un tal Di Stéfano, debe ser algo así como echarle la culpa a los Beatles por haber vendido más de cinco millones de copias de su álbum Let It Be o machacar sin piedad a William Wyler por haberse convertido en el primer director de cine de la historia en conseguir 11 Premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas con su película Ben-Hur. A este Stig Tofting de andar por casa le recomendaría que no se dejara arrastrar por sus neuras hasta el límite ridículo de poner en duda si Raúl está todavía en activo o se trata sólo de un icono cuando ni siquiera han transcurrido veinticuatro horas desde que ese mismo jugador ha marcado otros dos goles más, y el primero de bellísima factura, en El Molinón.

A los insultos del público, Raúl respondió con el primer gol de la tarde, y al cachondeíto con Villa, supongo que participante a su pesar en una polémica tan falsa como el beso de Judas, contestó con el cuarto y definitivo. 308 y 309. Es cierto que, tal y como me dijo el viernes Manolo Preciado en El Tirachinas, la polémica de su inclusión en la lista para la Eurocopa perjudicó primero a Luis y luego al propio Raúl, y que los antiraulistas más recalcitrantes aprovecharon el histórico éxito de Austria para hurgar hasta el fondo en la herida del 7, que no era en absoluto, como ellos quisieron y quieren todavía hacer creer, el título logrado por España sino la decisión del seleccionador de dejarle en casa. Como no tenían suficiente con apartarle, dieron entonces salida de repente al bulo de que a Raúl le molestaba el éxito de la selección, su selección, la selección por la que se había partido el pecho en 102 ocasiones.

Aquello debía resultar en principio lo suficientemente ofensivo como para hundir en la miseria a cualquiera, pero volvieron a cometer un error de cálculo. Por lo que observo, Raúl se ha convertido en un problema tan grave para los antiraulistas que no me extrañaría nada que para ellos supusiera un alivio que le rompieran la pierna derecha por tres sitios. Su pánico procede del hecho de tener que razonar cuando decida colgar las botas, allá por 2013 ó 2014, todo lo que dijeron del máximo goleador histórico de un club tan poco importante como el Real Madrid. Hoy pretenden convertirle en una atracción de feria, el hombre gol, telonero de la mujer barbuda. Lo que se lleva ahora es decir que es un egoista por llevar 309 goles, pero Di Stéfano es don Alfredo por haber marcado 307, y no todos de chilena precisamente. Ese será el regalo envenenado que dejará a sus detractores el futbolista español más importante de la historia: intentar convencer a los demás de que un delantero que marca más de 300 goles para su equipo es el enemigo público número uno del madridismo. Y los Beatles unos catamañanas. Y Wyler un aprendiz. Raro, raro, raro.
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