El penúltimo raulista vivo

En el Tíbet tan ricamente

Fabio Capello se marcha al Tíbet a comer momos con las manos y a beber chas. Me parece haber encontrado cierto componente poético en la elección del destino elegido por el entrenador italiano para pasar parte de sus vacaciones. Si no fuera porque creo que no tiene el suficiente sentido del humor para hacerlo, incluso podría llegar a pensar que se está despidiendo de nosotros con un guiño. Y es que, durante gran parte de la temporada, la mayoría de sus futbolistas se quejaron amargamente de que no entendían nada de lo que les decía Capello, que no sabían lo que quería de ellos, que les estaba volviendo literalmente locos con tantos cambios y que les hablaba... en tibetano.

Alguien que acabara de aterrizar en Madrid después de haberse pasado los cinco últimos años en Sydney podría pensar que hablo del Paleolítico, pero no. Eso ocurría en marzo pasado, a la vuelta de la esquina. Viendo que se les escapaba otro año, los jugadores españoles reconstruyeron la Babel del vestuario e impusieron la obligatoriedad de hablar en cristiano sobre el campo. Es el secreto mejor guardado de Capello.

Incluso puede que exista también cierta justicia poética en el modo escogido por Ramón Calderón para darle la patada, demostrando que el club puede perdonar pero no tiene por qué olvidar. Han transcurrido diez años desde que el italiano, que por entonces se creía Frank Sinatra, dejara colgado al madridismo después de haberle golpeado a Lorenzo Sanz con la puerta en las narices. Como ahora, Capello también ganó entonces una Liga.  

Igual que ahora, el Real Madrid recurrió a un entrenador alemán para sustituirle. Al año siguiente, después de treinta y tantos, el club ganó la Copa de Europa y Capello fue paseándose por medio mundo, presumiendo de que aquel título, obtenido con Heynckes en el banquillo, y diciendo a quien le quisiera escuchar que la séptima le pertenecía espiritualmente a él. Jupp, que es una buena persona, calló. Si se volviera a repetir la misma secuencia de los hechos, no veo a Bernd Schuster imitando el comportamiento de su compatriota. El caso es que Capello dejó colgado al Madrid, y ahora el Madrid le cuelga a él... pagando, por supuesto. Porque Fabio quiere todo el dinero en billetes de cincuenta euros usados y sin marcar. No resulta barato subir al Everest. 

A Schuster le espera una complicada misión. La espada de Dionisio pende sobre su cabeza suspendida de una fina crin de caballo. Todavía no ha entrado y ya le están achacando su pasado barcelonista. No se ha puesto el chándal y los "capelistas" (¡qué gran paradoja!) se preguntan qué ocurrirá si el equipo no juega bien desde el primer minuto de juego, el primer segundo, la primera décima. Schuster tendrá oposición en el estadio Santiago Bernabéu, pero el alemán, que fue capaz de renunciar a la selección de su país cuando sólo tenía veintitrés años, ha demostrado en muchas ocasiones que tiene las espaldas suficientemente anchas. ¿Y si el equipo no juega bien?... El Real Madrid, con Schuster, jugará bien. El fútbol retornará, por fin, al estadio Santiago Bernabéu. Y los Dionisios tendrán que irse con la música a otra parte.

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