El penúltimo raulista vivo

Ella no, por Dios

Ella no, por Dios, no puede ser, es imposible, ella de ninguna manera. Por si el sabotaje de los incontroladores aéreos no hubiera sido suficiente para hacer zozobrar eso que tan rimbombantemente ha dado en llamarse la "marca España", ahora también la Domínguez. Porque, no nos engañemos, no le hace el mismo daño al crédito de nuestro deporte a nivel internacional la expulsión de María Isabel Moreno de los Juegos de Pekín que la imagen de los guardias civiles de la Unidad Central Operativa registrando el domicilio de la reina indiscutible del atletismo nacional y su posterior detención e interrogatorio tras hallarse en la misma diversas sustancias dopantes. Hasta en eso, incluso en el impacto negativo, hay ciudadanos de primera y de segunda división. Lo de María duró un segundo, lo de Marta va a perdurar en el tiempo, ya lo verán.

Debo ser un tonto o un ingenuo porque ahora resulta que todo el mundo lo sabía: pues yo ni la más remota idea oiga. También me pilló en su día de improviso lo de Paquillo Fernández, que al parecer ha sido quien ha dado el queo, y sólo ahora, después de tanto tiempo, reconoce que se equivocó y que lo ha pagado. Pero ella no, por Dios, no puede ser, es imposible, ella de ninguna manera. La campeona mundial de 3.000 metros obstáculos no; la mejor atleta europea de 2009 no. Por supuesto que Marta es inocente mientras no se demuestre lo contrario, sólo faltaría; naturalmente que la mejor atleta española de todos los tiempos cuenta, como el resto, con el derecho inviolable a la presunción de inocencia, pero no parece que la Operación Galgo haya sido improvisada de repente, de la noche a la mañana, un flash del señor juez.

Lo siento de veras pero al ver dibujadas las flechitas que conectan a esta con aquel, y a aquel con aquel otro, y al otro con el de más allá, me vienen instintivamente a la cabeza las películas de gangsters, Donnie Brasco por ejemplo o Uno de los nuestros. Es cierto que cada día que pasa se estrecha más y más el de por sí reducidísimo cupo de personas por las que habría puesto la mano en el fuego; Marta era una de ellas. No me he caído de un guindo, sé que nadie es perfecto, pero al ver a nuestra campeona en lo más alto de esa red de presunto dopaje se produce en mí idéntico efecto que si viera a Julie Andrews en una película porno. Acabo de enterarme de que la federación ha suspendido cautelarmente de todos sus cargos a Marta Domínguez. Lo normal. Lo anormal sería que José María Odriozola, que lleva en el puesto casi, casi desde que lo inventaron, látigo del dopaje pero absolutamente incapaz de frenarlo, decidiera voluntariamente marcharse a su casa. El ventilador está en marcha. Si es cierto que Marta estaba implicada, ya puede estarlo cualquiera. Cualquiera. De ella para abajo.

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