El penúltimo raulista vivo

El topo

Siempre ha habido filtradores y siempre los habrá. Sin "chivato" no hay noticia. Nosotros lo llamamos eufemísticamente "fuente" porque queda menos ofensivo, más poético, menos mundano, más profesional, pero un chivato es un chivato aquí y en Sebastopol. El periodista vive del filtrador, o sea del chivato, y está tan mal visto entre la gente de la calle que éste siempre se empeña en ocultar su verdadera identidad y el profesional de la información puede negarse incluso ante un juez a desvelar la identidad de su "fuente", o sea del chivato. La teoría de la antigua Facultad de Periodismo decía que uno estaba obligado a consultar a varias fuentes a la hora de verificar una información, pero la práctica es a veces muy distinta y las prisas por ser el primero en dar una noticia te llevan a publicar ansiosamente lo que te llegue.

Si eres un mal profesional o tienes una relación que va más allá de lo estrictamente periodístico con una fuente (e, insisto, eres un mal profesional) puedes llegar incluso a convertirte consciente o inconscientemente en el portavoz oficial del chivato en cuestión. A veces los periodistas únicamente consultamos a una fuente, o sea a un chivato, al objeto de impedir que la otra fuente, o sea el otro chivato, pueda ofrecernos su versión de las cosas. Y esto último puede deberse a dos motivos, que poco o nada tienen que ver con lo estrictamente profesional sino con lo más pasional y mundano: o bien que seamos amigos de uno de los filtradores y queramos que salga bien retratado o bien que seamos enemigos del otro filtrador y pretendamos que su imagen se vea afectada negativamente.

Mi amigo José Damián González me dijo en una ocasión hace muchísimos años que lo mejor era no tener amigos entre los entrenadores, jugadores o directivos, y tenía más razón que un santo, en este caso más razón que San Damián, hermano gemelo de Cosme y que ejerció la medicina por caridad, motivo por el cual fue perseguido y aprehendido por Lisias, el gobernador de Cilicia, aunque esa es otra historia. A lo que íbamos: a Pep Guardiola le ha nacido en el vestuario un topo que se encarga de filtrarle al Bild las alineaciones del equipo antes de que éstas se hagan públicas. Es curioso porque al Bayern las cosas le van muy bien, de forma que lo lógico es pensar que al topo le vayan muy mal y por eso trate de hacerle pupa al entrenador o de congraciarse con uno de los diarios más potentes de Alemania.

¿Por qué pierde Guardiola medio segundo de su valiosísimo tiempo en amenazar con la guillotina y avisar de que rodará la cabeza del filtrador en cuanto éste asome por la topera? ¿Es porque la filtración de una intrascendente alineación puede acarrearle problemas?... En absoluto. Pep monta en cólera porque se siente traicionado y porque él, que ha sido cocinero antes que fraile, sabe mejor que nadie que una de las claves del éxito de un equipo es el clima de absoluta confidencialidad y cuasi familiar que pueda llegar a vivirse en un vestuario. En cuanto un jugador, sólo uno, sienta que no puede expresarse con absoluta libertad porque hay un compañero suyo que se lo va a filtrar todo al Bild, el clima de confianza saltará por los aires hecho añicos.

En la etapa de Mourinho en el Madrid el asunto de las filtraciones fue incluso aún más grave pùesto que el entrenador montó en cólera y, pese a ello, el filtrador o filtradores siguieron contando muchas de las cosas que se vivían dentro del vestuario. Al final se convirtió en una especie de juego maquiavélico: "¿Que tú te enfadas por esto, aquello y lo de más allá?... Pues yo sigo filtrando". Yo creo que al final, muy al final, Mou dio la batalla por perdida, y probablemente la ruptura de ese clima de confidencialidad del vestuario fue uno de los motivos de su adiós. De Mourinho se vendió entonces que instauraba un régimen del terror, que perseguía a los empleados por el pasillo, que la gente no se atrevía a mirarle a los ojos, que era un nazi, un fascista, la reencarnación de Robespierre... Se dijo de todo con tal de desviar la atención de lo primordial que no era otra cosa que el hecho cierto de que alguien estaba jugando contra el entrenador desde dentro de su propio vestuario.

Han pasado ya algunas horas desde que Guardiola ha estallado en justa cólera y aún no he leído de él que sea un nazi, un fascista, el nuevo Robespierre o que haya instaurado un régimen del terror porque se haya puesto manos a la obra para localizar, primero, y poner de patitas en la calle, después, al topo del Bayern de Munich. Pero como sé cómo funciona esto no esperaré demasiado a que quienes maltrataron a Mourinho por hacer su trabajo y defendieron a Bielsa por tirársele al cuello a un empleado del Athlétic Club de Bilbao vayan a aplicarle ahora al bendito Pep el mismo criterio que a Mou. El lema de una conocida marca de prendas deportivas dice eso de que "impossible is nothing". Pues bien: esto sí es "impossible". Y, aunque no lo parezca, esa diferencia de criterio, esa doble vara de medir que se tiene con uno u otro entrenador o jugador porque te caiga más o menos simpático o facilite más o menos tu trabajo, tiene también mucho que ver, por no decir que todo, con la especial dedicación que se puso a la hora de destruir a Mourinho desde dentro. Dejándole ir se lanzó un mensaje equivocado, el de "así sí", cuando tenía que haber sido clarísimamente el de "así no, así nunca, así jamás".

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