El penúltimo raulista vivo

El tiro al plato está barato, barato

La noticia es de 1988, y dice exactamente lo siguiente: "Santiago Esteva, Mari Paz Corominas, Arturo Lang Lenton, Joaquim Pujol y Jaume Monzó, entre otros, grandes nadadores que tuvo España en épocas pasadas, han constituido el autodenominado Grupo para el Progreso de la Natación. El objetivo fundamental consiste en sacar la actual natación española de la atonía en que vive". Hace ya veinte años que Alfredo Flórez presidía una federación definida por los propios deportistas como átona, sin fuerza, gris, carente de tono, débil, con poco crol y menos mariposa. Precisamente captó mi atención ese término, "atonía", porque Flórez, que luego pegó el salto a la flor del Comité de Competición, sigue siendo un presidente esencialmente átono, que nadie sabe si sube o si baja, con poca braza, menos espalda y una cintura que para sí habría querido el "Kaiser" Franz Beckenbauer.

La justicia deportiva en España es de risa, el reglamento es un auténtico cachondeo y los árbitros no saben de la misa la media. Cada vez que un equipo madrileño, y destacadamente el Real, visita San Mamés, el autobús de la plantilla acaba acribillado a pedradas y sus jugadores son luego utilizados durante el partido como muñecos del "pim, pam, pum". Eso mismo le sucedió el otro día a Casillas, diana móvil del tonto de turno. Iker tuvo el detallazo, agradecido a posteriori por la directiva bilbaina, de no hacer el paripé tras ser impactado por los objetos lanzados desde la grada, pero si yo hubiera sido él me habría caído muerto sobre el césped después del gol de Van Nistelrooy y a la finalización del primer bombardeo de cortauñas, botes y teléfonos móviles. Aquello fue definido como "falta leve" por Luis Medina Cantalejo y olé, y, con semejante desinformación en su poder, el del crol acaba de meterle un puro de seiscientos euros al Athletic. Y aún hay que dar gracias porque no recurran la sanción.

Está claro el mensaje que Cantalejo y olé y su amigo el de la braza, los encargados de impartir la justicia real sobre el campo y luego en los despachos si hiciera falta, transmiten con su desconocimiento a todos los descerebrados de España: tirar al plato está barato, barato. Y estoy harto de oír siempre monsergas del tipo de "no pueden pagar justos por pecadores" o "ese grupo de violentos no representan a la afición del Athletic porque ni siquiera pueden representarse a ellos mismos". Eso ya lo sé yo, no hace falta que venga ningún Petrarca a recordármelo. Tendrán que pagar justos por pecadores, sí señor, porque de la otra forma no se soluciona nada. El árbitro deberá enterarse de lo que ocurre en el estadio al que ha ido a pitar o deberá pasar a la "nevera" y dejar de cobrar dietas y kilometraje. Y el presidente del Comité de Competición tendrá que exigir justicia y mojarse un poco, y no dedicarse a nadar y guardar la ropa como hace Flórez. Ya está bien de atonía y de gente que mira hacia otro lado.

A continuación