El penúltimo raulista vivo

El tiqui taca, oiga, el tiqui taca

Si por algo insiste tanto Mourinho en que el Real Madrid tenga una sola voz (o varias, pero todas en la misma dirección) y una estrategia de comunicación definida, como sí tiene claramente el Barcelona, es por entrevistas como la que ayer concedió Sergio Ramos a Radio Marca. El defensa merengue dijo, entre otras cosas, que sentía envidia sana porque a los jugadores del Barcelona les recibían con aplausos por todos los campos mientras que a ellos les pitaban. Dejando a un lado que eso no es por supuesto cierto, al andaluz le habría venido muy bien oir el otro día al gran Ico Aguilar cuando dijo en Goles que la primera vez que en España se apedreó el autobús de un equipo de fútbol fue el del Real Madrid en Sevilla a mediados de los años setenta; por supuesto que ninguno de los jugadores actuales de Real Madrid o del Barcelona habían nacido todavía.

Lo cierto es que la política de comunicación culé es un ejemplo de efectividad para todos porque cuando funciona, funciona, y cuando no funciona y alguien mete la zarpa, funciona igualmente gracias a su inigualable flexibilidad. Si, en el ejercicio de sus responsabilidades como presidente culé, Laporta dice que Cataluña es un país entre Francia y España, se asegura que esas opiniones no son compartidas por toda la masa social. Si, una vez abandonado el club, Alfons Godall deja escrito en su twitter que la tragedia acaecida en Japón es como la de aquellos a quienes el destino les ha llevado a ser españoles, tampoco hay que hacer caso porque ya no está en el club. Si, preguntado por qué selección le gustaría que ganara el Mundial, el candidato Rosell contesta que aquella en la que haya más futbolistas del Barcelona, eso tampoco vale porque era candidato y no presidente. Y así miles de ejemplos.

Puede que en esta España más invertebrada y desorientada que nunca entre dentro de lo lógico y lo normal que al Real Madrid, que también es más que un club aunque por razones absolutamente opuestas a las del Barcelona, le toque ser también peor recibido que nunca. Porque Ramos es tonto de baba por decir, nada más acabar el partido de ida de Champions contra el Lyon y cuando está atendiendo en la banda al periodista que le ha cogido literalmente a lazo, que han dejado escapar los tres puntos, pero a todo el mundo le parece de lo más normal que Oleguer Presas compare un atentado terrorista que acabó con la vida de dos personas con un salto de altura o que el director general del Barcelona diga que todos los españoles somos unos chorizos. El tiqui taca, oiga, el tiqui taca. Pues conmigo que no cuenten para mirar hacia otro lado.

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