El penúltimo raulista vivo

El sillón mágico

Tal y como preveía, Juan Miguel Villar Mir anunció el jueves que no pensaba recurrir la sentencia de la juez sobre la anulación del voto por correo. El motivo oficial argumentado por el propietario de OHL, la sexta empresa constructora de España, era de manual: evitarle al Real Madrid nuevos sufrimientos. El motivo real no era otro que la sincera recomendación de que no perdiera más tiempo y dinero realizada por su equipo de asesores legales. Villar Mir, por mucho que sea millonario en dólares y por muchas ganas que tenga de ser presidente del Real Madrid, no iba a recurrir para perder. Y no lo hizo. Del argumento oficial esgrimido por Villar Mir (desjudicializar al club) se desprende otro objetivo, y éste es el adelantamiento inmediato de las elecciones. De cajón.
 
No me cabe la menor duda de que, de haber tenido la más mínima posibilidad de ganar, de haberle abierto sus abogados una grieta legal en el proceso, aunque ésta fuera la más endeble de toda la historia de la jurisprudencia mundial, Villar Mir habría presentado el recurso, judicializando de nuevo al club, tal y como, antes que él, hizo sin ningún rubor el actual presidente, Ramón Calderón. Si ahora Villar Mir no recurre es por el simple hecho de que cree firmemente que esa estrategia le hará ganar enteros en el futuro de cara a posibles votantes. Calderón condujo al club a los Juzgados porque pensaba, y el tiempo le ha dado al final la razón, que así dilataría tanto el proceso que todos acabaríamos con indigestión.
 
La estrategia de unos y otros no ha tenido nunca como finalidad el beneficio del Real Madrid; el objetivo era, y sigue siendo, bien distinto: un sillón de dirección de cuero negro, con respaldo alto, cabezal, elevación por pistón de gas y base cromada que hay en el despacho que el presidente del Real Madrid tiene habilitado en el estadio Santiago Bernabéu. Es un sillón mágico. Te sientas en él y, de repente, eres más guapo, más listo, más poderoso que el resto. Te sientas en él y la gente te pide autógrafos, te para por la calle y quiere hacerse fotos contigo. Te sientas en él y te conviertes en una estrella, un triunfador, el ejemplo a seguir, el amigo de los niños, el yerno que toda suegra querría tener. Usted, señor Calderón, ya probó el silloncito de marras. Y ahora, por favor, sea usted mínimamente responsable y convoque las elecciones cuanto antes. No para que el sillón mágico lo ocupen Villar Mir o Fernández Tapias, no, sino para que se siente en él alguien que ya fuera un ejemplo a seguir antes de alcanzar la presidencia del club deportivo más importante del mundo.
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