El penúltimo raulista vivo

San Messi

Ni Leo Messi ha sido el primer futbolista que insulta a otro llamándole "hijo de las cuatro letras" ni Weligton ha sido el primer jugador que, ante un insulto, ha respondido perdiendo los nervios y agarrando, como en su caso, o agrediendo directamente al provocador. El barcelonista Juan Cruz se retrotrae hoy en su columna del As 8 años en el tiempo para rescatar el incidente entre Zinedine Zidane y Materazzi del Mundial de 2006: el italiano relacionó a la hermana del francés con la profesión más antigua del mundo y éste cometió la tremenda torpeza de caer en su trampa pegándole un cabezazo, que Materazzi exageró a fin de lograr lo que desde el principio buscaba insultándole, que no era otra cosa que le expulsaran del campo como así acabó sucediendo finalmente.

La diferencia entre el cabezazo de Zidane y el agarrón de Weligton es que el primero se produjo ni más ni menos que en un Mundial mientras que el segundo se llevó a cabo en un partido de Liga. Lo que quiero decir es que me pareció lógico que la agresión de Zizou tuviera la repercusión que tuvo y no encuentro motivo aparente para que el agarrón del jugador del Málaga haya sido motivo de tanto análisis y tan extensa repetición... salvo porque el defensa brasileño dejó al descubierto los tejemanejes del jugador franquicia del Barça. De Zidane, que era un superclase, jamás se dijo que añadiera a su elegancia como futbolista una santidad de la que indudablemente carecía; de Messi sí se ha dicho, y en reiteradas ocasiones además, que es el faro de ejemplaridad que debe guiar nuestras vidas cuando no es cierto.

Y si a Messi se le tienen tantas ganas es precisamente debido a la intensísima agitprop que hemos tenido que sufrir durante los últimos años en los que se apoyó la teoría de que Leo no sólo era el fútbol, que no había habido nadie como él antes ni lo habría después y que cojo era mucho mejor que el mejor futbolista del mundo sino que, además, era un dios justo y benevolente, un ejemplo de comportamiento tanto dentro como fuera del campo. Esa campaña, afortunadamente desmontada por los hechos, no era tanto a favor de Leo como contra Cristiano, que era el malo de la peli, el chulo, el provocador. Con el tiempo, como decía, se ha podido comprobar no sólo que eso no es así sino que, además de cumplir religiosamente con la hacienda pública española, el jugador del Real Madrid suele tener detalles muy british dentro del campo y cumple escrupulosamente esa serie de normas no escritas que tantas veces elogiamos. En resumidas cuentas: a San Messi se le tienen ganas porque su halo siempre fue un fraude.

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