El penúltimo raulista vivo

El relojito

Los vaticanólogos suelen decir eso de que "quien entra Papa sale cardenal". Y, salvo rarísimas excepciones, es cierto. La semana previa al cónclave se cruzan apuestas, se hacen quinielas, se miden fuerzas, se habla de nacionalidades y, al final, después de todo, quien entra Papa suele salir cardenal. Impepinable. A Lolo Sáinz, que es un viejo zorro del desierto, tampoco le gustaba que su equipo fuera favorito de nada para nadie y prefería llegar a los sitios de puntillas y cederle siempre semejante honor a sus rivales. ¿Qué es ser favorito? ¿Para qué sirve? ¿Mete goles? ¿Te da puntos?... Seguro que si la FIBA le hubiera dicho a Xabi Pascual que según la nueva reglamentación el favorito arrancaba el partido con un 4-0 a su favor se habría apresurado a decir que su equipo era el clarísimo e indiscutible favorito de la semifinal de la Euroliga; pero, como el favoritismo no sirve absolutamente para nada, no se cansó de repetir una y mil veces que el favorito era... el Real Madrid.

Perdón, sí sirve: sirve para que el teórico favorito tenga una presión añadida con respecto a su rival, de ahí que a Lolo no le gustara que dijeran que era favorito, de ahí que Pascual repitiera hasta la saciedad que el Barcelona llegaba sin Pete Mickeal y con Jawai renqueante, de ahí que Laso, que al igual que el gran Sáinz fue cocinero antes que fraile, huyera del favoritismo, que lejos de ganar partidos suele perderlos. El CSKA era favorito en su partido ante Olympiacos y acabó perdiendo por 69-52. El Real Madrid era favorito en su partido ante el Barcelona y en el minuto 33 perdía por 61-52. Ahí vi nuevamente perdido al favorito, que también iba a ganar la Copa del Rey según todos los especialistas pero que acabó perdiendo ante el Barcelona en cuartos. Y cuando el camino hacia la final era más oscuro, escarpado y tortuoso... apareció Felipe Reyes, el nuevo Fernando Martín, el "relojito".

Toni Kukoc decía el otro día que la Final Four la gana quien esté mejor esos dos días. Sergio Rodríguez confesaba en El Mundo que a él le gustaba jugarse las canastas "por cojones". Felipe ha comentado que estaba deseando salir del banquillo para "comerse a quien fuera". Argumentos todos ellos, como puede comprobarse, poco baloncestísticos y que tienen que ver más con la casta, el arrojo, la madurez y los cataplines que con el favoritismo, que lejos de ganar partidos los pierde. Me atrevería a decir que los jugadores del Barcelona perdieron precisamente el partido cuando se sintieron realmente favoritos a falta de 7 minutos para el final y con 9 puntos de ventaja, aunque Marcelinho, que fue el mejor de los suyos, no acabara nunca de verlo demasiado claro. Por eso ahora no hay que hablar de otra Novena que no sea la de Beethoven. Espero que en la final del domingo el emboscado Rudy Fernández nos demuestre a todos de qué piel está hecho. Pero, para que quede claro, el favorito es el equipo griego, a la sazón vigente campeón.

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