El penúltimo raulista vivo

El regreso de Frijolito

Es público y notorio que Cesc acabó fichando por el Barcelona por puro agotamiento del rival. Por supuesto que el club catalán contaba con la complicidad del chico, que quería regresar a su casa, pero el hostigamiento al Arsenal fue tan largo en el tiempo que yo acabé bautizando el caso como Frijolito en honor al protagonista del inacabable culebrón estadounidense Amarte así. Hubo quien se lo tomó a mal pero en mi intención no estuvo nunca faltarle al respeto al futbolista, que por lo demás me parece un crack sobre el terreno de juego. Tampoco pensé nunca, y eso que tuve muy en cuenta que Cesc fue una imposición de Guardiola a Rosell y que a éste no le quedó otra que dárselo para tenerle contento, que el melodrama fuera a tener segunda parte. Me equivoqué. Hay Frijolito II.

Giro inesperado en la historia. Y en un par de capítulos nada más. Guardiola, que es el gran valedor de Fàbregas, no soporta el test de estrés al que se ve sometido por Mourinho y cuando ve que ya no va a poder surfear tranquilamente va y se apea de la tabla. Rosell coloca por sorpresa en su lugar a su segundo, Tito Vilanova, un hombre muy distinto a él, con muchísimo menos ascendente culé y probablemente más manejable. El hijo pródigo, que con Pep jugó muchos minutos y marcó bastantes goles desde esa posición que algunos han dado en llamar demasiado pomposamente como "falso nueve", pasa al banquillo, empieza a ser sonoramente cuestionado por la grada y algunos primeros planos televisivos le delatan... hasta que al fin estalla en el Sport: "Hay una campaña contra mí".

Lo que, por mucho que luego trate de corregirse a sí mismo a través de twitter visto el eco de su entrevista, está dando a entender clarísimamente Cesc es que el club está en la pomada de su suplencia, que no es algo deportivo sino institucional. Es fácil tirar del hilo y deducir que Rosell no le quiere porque se lo impuso el laportista Guardiola y que ahora, con el beneplácito de Vilanova, pretenden hacer con él luz de gas. Tanto Cesc como Villa, aunque el caso de éste último sea distinto, son, en mi opinión, carne de banquillo en el Barcelona y es cuestión de tiempo que se busquen una salida razonable... ¿Al Arsenal?... Quién sabe: pese a lo que dicen hoy mismo en Mentirolandia todo el mundo es consciente de que Fàbregas costó 40 millones de euros; puede que Wenger tragara por 20, ¿no?...

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