El penúltimo raulista vivo

El Real Madrid tiene que rematar al Villarato

Salvo Mourinho, que sí lo hacía y con toda la razón, nadie del Real Madrid ha hablado jamás de los árbitros siendo presidente del club Florentino Pérez. Desde 2004 han pasado muchos años y demasiados agravios y, salvo contadísimas excepciones, el club blanco se ha mantenido al margen, probablemente consciente de que el villarato podía pasarle rápida y dolorosa factura. Las estadísticas están ahí para quien quiera consultarlas: la diferencia de trato arbitral (lo que un vicepresidente culé con Laporta definió contablemente como "saldo") entre el Real Madrid y su máximo competidor en España, el Fútbol Club Barcelona, es abismal. Pese a ello, la táctica del club con Florentino ha sido la de poner la otra mejilla. Compruebo con satisfacción que esa época se acabó.

Puede que Florentino Pérez haya llegado a la conclusión de que el padre del villarato, Ángel María Villar, está amortizado, y que su hijo arbitral, el temible Sánchez Arminio, caerá también de maduro, pero que los demás miembros de la familia Addams se resisten a marcharse y maniobran para permanecer en sus puestos. Cabe la posibilidad de que el Real Madrid haya visto una ocasión pintiparada (y también inesperada hasta hace un par de meses) de dinamitar todo vestigio del Villarato y se haya puesto manos a la obra. Efectivamente, en la Ciudad del Fútbol no puede quedar piedra sobre piedra y debe entrar gente nueva con nuevas ideas. Si el Real Madrid no aprovecha la oportunidad, si deja que se le escape entre las manos, a Villar le sucederá un villarista y el modelo de injusticia arbitral se perpetuará en el tiempo.

De ahí que, en señal de protesta por los injustos cinco partidos con que sancionaron a Cristiano, el otro día el Real Madrid se ausentara del circo del miércoles; de ahí también que ayer mismo Zidane, que nada más conocer el castigo a CR7 dejó entrever que pasaba algo raro, dijese que todo era mejorable. Zizou está en el día a día, dirige al equipo desde la banda y sabe perfectamente que los árbitros pueden impedir que tu equipo gane la Liga y posibilitar que la gane el de enfrente, de ahí que se muerda un poco más la lengua. Todo es mejorable, todo, pero el arbitraje español tiene un margen de mejora ábismal. Sin Villar y sin Arminio se asesta un durísimo golpe al Villarato, pero no es definitivo. El Real Madrid no puede dejar escapar la ocasión de acabar con el sistema que tantísimo daño le ha hecho desde el año 2004. Hay que rematar.

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