El penúltimo raulista vivo

El probe Pep

No es Frank Rijkaard, que también, el agotado sino Joan Laporta. No ha sido Rijkaard, que tampoco, quien no ha sabido meter en cintura a un vestuario descompuesto, sino el presidente del club. El reconocimiento público de culpa es sólo papel mojado, palabras que se lleva el viento, no sirve para nada ni tiene ningún valor si no va además acompañado por la dimisión. ¿Cómo se entiende, si no, que Laporta insista en que él es el máximo responsable de la situación y quien salga despedido a continuación sea el entrenador?... Si Laporta creyera de verdad en lo que dice, echaría a Rijkaard y luego se iría él, asumiendo en primera persona, que es lo que toca en estas circunstancias, las consecuencias del fracaso de su proyecto deportivo, pero el problema es que está fingiendo. Laporta no cree en absoluto que él sea responsable de lo que pasa en el club. El responsable es Rijkaard. Los responsables son los jugadores. El responsable es el director deportivo. Todos son responsables salvo él. Laporta es un incomprendido.

Para intentar quitarse el hollín de la crisis, Laporta asciende de Tercera a Primera al chico más culé y catalanista de la clase, el acompañante ideal de Zapatero (¡todavía no le has invitado al sanedrín, José Ramón!) a lo largo de sus viajes por todo el mundo, el nuevo hombre de moda. Pep Guardiola, que así se llama el chico, era un proyecto de entrenador a largo plazo y, quien más quien menos, sabía que tarde o temprano daría el salto al primer equipo. Yo creo que el Barcelona le estaba cuidando con mimo y esmero para el día, todavía lejano, en que ascendiera por fin. Pero los dos años en blanco, agravados por el palizón del otro día en el estadio Santiago Bernabéu, han precipitado las cosas y, con objeto de salvarse él, Laporta ha expuesto al niño a la primera línea de fuego. Silban las balas y, aunque él no lo sepa todavía, Pep Guardiola es carne de cañón. Todo sea por el presidente de la República Independiente del Barça.

Pep no sólo llega al equipo en una situación deportiva muy peliaguda sino con todas y cada una de las encuestas publicadas en su contra. Si alguien de la junta directiva se planteó soltar su nombre como un globo sonda, lo cierto es que el globo se ha pegado una costalada importante. A favor tiene que es barato y está a mano, no hay que ir a buscarle por ahí lejos. Es lo que en el argot se conoce como un hombre de la casa. La gente le quiere, ¡cómo no habría de quererle!, y por eso mismo piensa que esto es otra añagaza más de Laporta para salvar su propio trasero. En Canaletas gritan a Polichinela, pero éste no se entera o bien prefiere no enterarse y, al final, el villano vuelve a ganar otra vez. Laporta sobrevive y el resto acaba magullado y en la calle. La presentación del chico será cuando acabe la Liga, que para el Barça lleva acabada desde el 0-1 contra el Madrid en el Camp Nou. Yo pensaría en hacerla a lo grande. Estoy pensando, por ejemplo, en que podrían soltar al probe Pep en paracaídas sobre el estadio. Carne de cañón desde el primer día. Laporta refugiado en su despacho. Y Rosell al acecho. De manual.
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