El penúltimo raulista vivo

El poder de la mente

El pasado viernes murió el levantador de pesas ruso Vasily Alexeev, doble campeón olímpico, ocho veces campeón mundial, Maestro de Honor de Deportes de la extinta URSS y elegido como el mejor deportista de todos los tiempos en su país. Alexeev, que llegó a batir 80 marcas mundiales, solía decir algo muy curioso, y es que él no levantaba las pesas con los brazos sino que lo hacía con la cabeza: el poder de la mente. Recuerdo que a Rafa Nadal, el mejor tenista español de la historia y probablemente nuestro deportista más trascendente, ya se le quiso dar cristiana sepultura en el año 2009, coincidiendo precisamente con su derrota en París ante el sueco Soderling; luego, en 2010, protagonizó su año más brillante conquistando su quinto Roland Garros y su segundo Wimbledon. De nuevo el mismo poder

Alexeev levantaba las pesas con la cabeza y Nadal, sobre todo Nadal, gana muchos partidos con lo mismo. Es más sencillo que a un deportista de ese nivel le llegue el agotamiento a través de la cabeza que no por los músculos. Y, en cualquier caso, soy de la opinión de que cuando se habla de "ciclos", salvo cuando a uno le llega la amarga hora de la retirada, nos estamos refiriendo más a los mentales que a los de cualquier otra clase. Hubo una ocasión en la que Alexeev, que lo había conseguido todo varias veces y que era un héroe nacional, se quedó en blanco y, de repente, lo que hasta entonces había sido para él la "pesa-pluma" acabó convirtiéndose en la "pesa-pesa", teniendo que abandonar la competición.

Hace tiempo que Nadal ya sólo compite consigo mismo. Esa soledad fue precisamente la que arruinó la prometedora carrera deportiva de algunos jugadores extraordinarios como Mats Wilander; harto de ganar y ganar y volver a ganar, Björn Borg sorprendió a todo el mundo anunciando su retirada a la temprana edad de 26 años, uno más de los que tiene ahora mismo nuestro campeonísimo. Si el caso del señor Roger Federer, enterrado varias veces a toda prisa y desenterrado con la misma velocidad, resulta tan extraño es justamente porque el suizo, que tiene ahora mismo 30 años, hace por lo menos 4 que ya no compite con nada ni con nadie salvo con la historia del tenis. Su actitud es digna de aplauso porque, pudiendo hacerlo, no se retira por ese increíble afán de superación que parece no terminar nunca. Federer es, en uno u otro sentido, prisionero de una cabeza privilegiada que convierte las pesas de Alexeev en plumas y Wimbledon en el patio trasero de su casa. Bendito poder el de la mente.

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