El penúltimo raulista vivo

El pianista

Florentino Pérez salió de su presentación oficial con dos fichajes bajo el brazo: Kaká y Xabi Alonso. Doy por hecho que Antonio García Ferreras conocía, si no redactó él mismo, el discurso de F.P. La Sexta emitió en directo, como si se tratara del mensaje de Obama a la nación, la rentré del ex presidente tras tres largos años de silencio y, teniendo en cuenta que Florentino no da nunca una puntada sin hilo, lo más sencillo es que encargara a su antiguo director de Comunicación la redacción íntegra de lo que tenía que decir. Supongo que Ferreras trasladaría primero al papel las líneas generales del pensamiento del candidato y después se apresuraría a hacer tele con aquello que él mismo había escrito con anterioridad. Juez y parte, el director de La Sexta se las puso a sí mismo como decían que en tiempos le ponían a Fernando VII las bolas de billar. Carambola asegurada. ¡Larga vida al Rey!

Si Pérez hablaba de decencia y de ética, a su lado aparecía inmediatamente la imágen en blanco y negro de don Santiago Bernabéu, el símbolo de la respetabilidad; si Pérez criticaba con dureza lo sucedido en los últimos tres años, la Asamblea de la chapuza y el descrédito a que había sido sometida la institución, a su lado aparecía Ramón Calderón, el emblema de todo lo contrario. Ferreras era algo así como aquellos pianistas que había en los cines cuando las películas eran mudas, encargado de soliviantar al público asistente a la función con objeto de que les quedara meridianamente claro quién era el bueno y quién era el malo de la película. Florentino era el bueno. Cuando a F.P. le llegó el turno de hablar de fichajes, en el lado derecho de la pantalla aparecieron Kaká y Xabi Alonso. Ni Cristiano Ronaldo, ni Cesc, ni Villa, ni ningún otro, únicamente Kaká y Xabi Alonso.

La gente le tiene miedo, un miedo deportivo por supuesto, a Florentino. Hoy, por ejemplo, ha estado en Valencia y Francisco Camps le ha pedido por favor que no se lleve a ningún jugador de la Comunidad Valenciana. Habitualmente uno suele rezar para que sean atendidas sus plegarias y no al contrario, pero en estos casos el peticionario sabe muy bien que Florentino hará lo que tenga que hacer independientemente de lo que le pidan. Tras escuchar a Camps, Florentino ha sonreído, el casco que llevaba en la cabeza le ha bailado ligerísimamente, de forma inapreciable, sobre las sienes, y ha puesto la misma cara que debió poner Peter Eastgate en la última partida del Campeonato del Mundo de póquer. Casi al mismo tiempo que Camps le pedía a Florentino que no se llevara a ningún jugador de la Comunidad Valenciana, David Villa era descubierto por Marca en la calle Claudio Coello de Madrid. Y aquí sería bueno que el pianista interpretara una pieza con mucha tensión.
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