El penúltimo raulista vivo

El partido se lo quedó Clos como Gollum se quedó su tesoro

Clos Gómez volvió a coger su fusil para emplearlo indiscriminadamente contra el Real Madrid. Alguna fobia debe tener el aragonés hacia el color blanco porque no es la primera vez que lo hace y no me cabe la menor duda de que estando ahí Victoriano Sánchez Arminio (el de los "problemas familiares" de Muñiz) volverá a repetir en el futuro. Este Clos es el mismo Clos que provocó que Mourinho saliera en 2010 con el famoso papelito con los 13 errores tras una calamitosa actuación ante el Sevilla; el mismo Clos que en 2012 impidió con un arbitraje estrafalario que el equipo blanco ganara al Valencia tras comerse dos penaltis, uno sobre Benzema y otro sobre Cristiano; el mismo Clos que la pasada temporada, también en El Sadar, expulsó a Kaká, que duró sólo veinte minutos sobre el campo, por dos acciones sin peligro, y dejó sin castigar sin embargo sendas entradas violentas de Rubén y Oier, que debieron emprender antes de tiempo el camino hacia el túnel de vestuarios.

Ayer Clos dejó sin castigar un clarísimo penalti de Arribas, que debió ser expulsado por doble amarilla, sobre Modric, y echó a la calle a Ramos, que de repente se ha convertido en el oscuro objeto de deseo arbitral, cuando la primera amarilla no fue ni siquiera falta y la segunda, que provocó a la postre su expulsión del terreno de juego, fue oportunamente exagerada por Torres. Pero es de todos sabido que el fútbol es para listos... salvo naturalmente cuando esas mismas o parecidas pillerías las comete algún jugador vestido de blanco y con el escudo del Real Madrid en el pecho, en cuyo caso pasa a transformarse inmediatamente en un alarmante atentado contra el fair play, la moral pública y las buenas costumbres.

Lo que quiero decir, por si no he sabido explicarme del todo bien, es que Clos Gómez se cargó ayer nuevamente un partido en el que estaba implicado el Real Madrid y que ya jamás en la vida podremos saber qué resultado se habría dado con otro árbitro, uno normal que se hubiera limitado a aplicarle el mismo baremo a ambos equipos. Aunque, puestos a elucubrar, parece bastante probable que si el equipo de Ancelotti fue capaz de empatar con diez jugadores un partido que iba perdiendo por 2-0 habría conseguido la victoria en igualdad de condiciones. Clos lo impidió pero me juego pajaritos contra corderos a que mañana no sale Arminio para hablar de los problemas familiares de su colegiado como sí hizo con Muñiz, que por ahí sigue por cierto repartiendo sustos.

El partido se lo quedó Clos como Gollum se quedó su tesoro, eso es cierto. Pero, aún así, no querría marcharme sin hacer referencia al extraño caso de Sergio Ramos. Alguien decía en Twitter al acabar el encuentro que Sergio quería asegurarse su récord de expulsiones con el Real Madrid; si es así debo reconocer que por ahora lo lleva bien encarrilado porque es el futbolista del club blanco que más veces ha sido expulsado en Liga a lo largo de toda su historia, trece, tres más que Hierro y seis más que Hugo Sánchez y Guti, todos ellos retirados y sin posibilidad por lo tanto de hacerle sombra. De acuerdo que la primera amarilla fue injusta y que la segunda se exageró convenientemente por parte del pillo (porque es jugador de Osasuna, si fuera del Madrid sería un delincuente merecedor de acabar en Guantánamo) Torres, pero, ¿quién mandó a Sergio sacar la mano a pasear sabiendo como se supone que sabía en qué situación estaba su equipo?... Ramos no aprende o Ramos no quiere aprender y el Barça, que parece que vuelve a recuperar su un buen momento de forma arbitral, ya está de nuevo a cinco puntos. Gracias, Gollum.

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