El penúltimo raulista vivo

El pan y el circo de Villar

Lo que, he de confesar que con una suerte ciertamente desigual, traté de explicar anoche en Futboleros es que yo estoy por norma en contra de los indultos de Ángel María Villar Llona porque me parece una práctica caciquil impropia del siglo XXI. En defensa del presidente de la federación española de fútbol diré que él accedió al cargo en la segunda mitad del siglo pasado y que es posible, aunque ya no lo recuerdo porque yo era muy pequeñito, que actitudes así fueran normales por aquel entonces, no lo sé. Servidor sería un auténtico desahogado si viniera aquí a dejar por escrito que está en contra de los indultos de Villar por una cuestión de principios, pero que en el caso de José Mourinho hay que hacer una excepción; mi admiración por Mou es muy grande pero no va tan lejos.

Por supuesto que a Mourinho, como al resto, cabe exigirle que cumpla las sanciones que le sean impuestas por los organismos competentes para ello, y a Villar habría que demandarle que, por mucho que multiplique por cuatro al frente de la federación el número de años que el dictador y al parecer también antropófago Idi Amín Dada estuvo como presidente de Uganda, no se pase él mismo por el arco del triunfo bilbaino lo que dictaminen los diferentes Comités. Si quiere fiesta para conmemorar su victoria que organice una ginkana en Las Rozas con piñata incluída o, ya puestos, que haga como su antecesor Cayo Julio César Augusto y organice duelos a muerte entre gladiadores, pero la justicia no puede ser de quita y pon.

El problema de Villar es que lleva tanto tiempo celebrando sus triunfos electorales a base de ciscarse en la justicia deportiva que ha ido dejando a su paso un kilométrico, lunático y esperpéntico rastro de injusticias y desagravios. El club de fútbol probablemente más beneficiado por el circo de Villar ha sido el Barcelona, y no creo que haya que volver a explicar por qué eso es así. Que el presidente de un club que ha sido amnistiado por este peculiar César Augusto vizcaíno después de hacerle una pedorreta al Rey Juan Carlos I de España retirando a su equipo de la competición que lleva su nombre o tras haber abonado el césped del Nou Camp con botellas de whisky y otros objetos, entre ellos la cabeza de un cochinillo, para recibir a Luis Figo, se ponga ahora estupendo es como para morirse de la risa.

Viendo la imagen de la troika compuesta por Rosell, Freixa y Gaspart entrando tan peripuestos en la Ciudad del Fútbol me pregunté cuántas veces y por qué motivos no lo habrían hecho antes sin las cámaras de televisión captando tan lamentable escena. Sabemos al menos de una, la del famoso "¿qué más quieres que te dé?", y conocemos las declaraciones de un ex vicepresidente culé en las que hablaba sin rubor del "saldo arbitral". Mi impresión personal es que ayer Rosell se hizo la foto para impedir que Laporta termine por ahogarle después de tanto apretar. Yo preferiría que Mourinho cumpliera su castigo y, por el mismo precio, se investigara lo dicho por Godall y Villar explicara a su vez qué hacía el día de autos reunido a escondidas con el presidente de un club de fútbol y qué quiso decir con la frasecita de marras. Pero, según parece, Villar piensa que perdonando a Mou olvidaremos el resto. Y no, no olvidaremos lo que no se puede ni se debe olvidar.

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