El penúltimo raulista vivo

El oscuro objeto de deseo de Pep

Al contrario de lo que pueda pensarse, la verdadera perla de la rueda de prensa ofrecida el otro día por Sandro Rosell no tuvo que ver con Florentino Pérez, el Real Madrid o José Mourinho, de los que no dijo nada que no hubiera dicho en anteriores comparecencias, sino más bien con la particularísima interpretación que el hombre que no sabía qué selección quería que ganase el pasado Mundial de Sudáfrica hizo de lo que es una negociación y de lo que valen realmente los jugadores de fútbol. Que conste en acta que a Joan Laporta le pasaba tres cuartos de lo mismo: lo que con Kaká era imperalismo puro y duro, con Ibrahimovic, que costó más, se transformaba por arte de birlibirloque en la defensa de un estilo, un modelo, una forma de entender el fútbol y la vida. Menudo morro.

Pero cuando me quedé auténticamente a cuadros fue cuando Rosell dijo sin que le temblara el pulso que ahora Cesc ya no valía 40 millones de euros porque ya había pasado un año desde que ellos habían ofrecido ese dinero al Arsenal. Es decir: Cesc no vale lo que diga el señor Hill-Wood que vale sino lo que a Rosell le convenga que valga. Es cierto que el Barcelona ofreció el año pasado 40 millones de euros por el chaval, pero el equipo inglés no los aceptó porque la oferta les parecía claramente insuficiente; aunque, si hemos de fiarnos de la prensa inglesa, a Laporta le pidieron 90 millones de euros y él llegó a los 35, menos de la mitad: Cesc, claro, siguió a las órdenes de Arsene Wenger.

Parece que Hill-Wood se ablanda y acaba de confesar que le parece comprensible que el Barça quiera recuperar al jugador. El sueño de Cesc es vestir de azulgrana y parece que Guardiola está realmente obsesionado con el jugador y llama al club cada dos por tres para saber cómo marchan las negociaciones, pero sería increíble que el Arsenal aceptara un traspaso por menos de esos 40 millones de euros. Ojo porque si la contratación de Cesc, la única que realmente interesa a Guardiola, se atasca, el asunto puede trascender incluso a las relaciones, que nunca han sido buenas, entre presidente y entrenador. Guardiola ve en Cesc al nuevo Xavi, un relevo natural e imprescindible. Creo que si Fábregas no llega, asistiremos a una temporada realmente entretenida.

A continuación