El penúltimo raulista vivo

El nuevo sabor del melón del Real Madrid

Dicen que el Real Madrid no le aguanta el pulso a ningún grande y no es cierto. Para ganar la Copa de Europa uno tiene que enfrentarse a los más grandes y resulta que el Real Madrid ha ganado cuatro de las cinco últimas y tres de forma consecutiva. Salvo que al finalista, que fue el Liverpool, no se le considere un grande, o no se considere tampoco grandes a Juventus de Turín y Bayern de Múnich, de los que también se deshizo el equipo blanco, tal afirmación no se sostiene en pie demasiado tiempo. Si quien asegura que este Real Madrid, el de Lopetegui sin Cristiano, pierde con los grandes, eso es muy relativo; perdió, eso es verdad, una Supercopa de Europa que tenía en el bolsillo a falta de 8 minutos, y lo hizo por errores tan groseros y absurdos, tan de patio de colegio, como los del otro día en el Sánchez Pizjuán, campo en el que, por cierto, también perdió en sus últimas visitas ligueras el mismo equipo que luego acabaría ganando la Champions.

Y, recientemente, pasó por encima de la Roma, semifinalista europea, en el que ha sido considerado por casi todos como el mejor y más redondo partido que han disputado los blancos desde aquellos de la Quinta del Buitre que maravillaba con su fútbol coral. Esa fue la virtud que más se elogió aquel día del Madrid de Lopetegui, su coralidad, la solidaridad de los once futbolistas que estaban sobre el campo, su afán por jugar todos al fútbol y al mismo tiempo; y ese fue el principal defecto del Madrid de Lopetegui en Sevilla, aunque bien podría decirse que regalaron 45 minutos a su rival de una forma también muy coral puesto que únicamente Gareth Bale se salvó de la quema. La decepción vino precisamente por el cambio tan radical, de un extremo al otro, experimentado por el mismo equipo. La inquietud ante la visita del Atlético de Madrid es fruto de lo absolutamente imprevisible que es el campeón europeo para muchos de sus seguidores.

Hubo tanta distancia entre el Real Madrid avasallador del día de la Roma y el Real Madrid melifluo del Sánchez Pizjuán que es hasta cierto punto lógico que muchos se pregunten si es que la Liga ha perdido interés para el equipo que más tiene (33) en su palmarés. La última década, brillante y excepcional fuera de España, ha sido negra en lo que al torneo de la regularidad se refiere. Más allá de su brillantez, el éxito del Barça en la Liga ha consistido precisamente en hacer honor a la regularidad requerida y, jugando unos días mejor y otros días peor, sacar siempre los partidos adelante sumando los puntos correspondientes. Pero este Barça no lo está haciendo, este Barça está empatando e incluso perdiendo y está jugando regular al fútbol, de ahí que la decepción fuera aún mayor el miércoles y la visita de un Atlético que parece haberse reencontrado a sí mismo siembre el Bernabéu de inquietud. Dulce o pepino, a eso de las diez y media de la noche sabremos por fin el nuevo sabor del melón del Real Madrid, una caja de sorpresas.

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